Sala de máquinas

Las asambleas ‘indepes’ y la movilización callejera

Juan Bolea

La revista Interviú, mediante una serie de reportajes de Juan José Fernández, viene denunciando los movimientos en la oscuridad de las instituciones indepes en aras de movilizar las calles de Cataluña contra lo que los catalibanes neofascistas de Junqueras y compañía consideran las fuerzas represoras o invasoras. Hace unas semanas, la revista informaba acerca de las intenciones de Puigdemont de adquirir armamento pesado, incluyendo barcos y aviones de guerra, para dotar de infantería, aviación y marina a un ejército catalán. En su último número, el semanario desmenuza la estrategia de los CRD (comités de resistencia para la república) y los planes de la Asamblea Nacional de Cataluña y Òmnium para mantener las calles calientes hasta las próximas elecciones, o hasta que Cuixart y Sánchez, los jefes enchironados, digan.

De momento, estos profesionales de la agitación, que no intelectuales, han elaborado un documento interno, En Peu de Pau en el que convocan a los catalanes a acciones pacíficas y no violentas de resistencia pasiva, pero que, bajo la óptica de la policía, no son tales.

Las instrucciones de ANC y Òmniun adiestran a los resistentes a enfrentarse a las fuerzas del orden mediante acciones de interposición o barrera, avanzando en grupo hasta muy cerca de los opositores, defendiendo el espacio y bloqueando el paso. Las órdenes previenen contra la violencia sexual policial y aconsejan que en ningún caso se declare en las comisarías. Caso de detención, llamar al colectivo de abogados DresCat, próximo a Esquerra.

Los indepes podrían encontrar unos aliados en los bomberos de Barcelona, un cuerpo que ha sido inficionado por el virus nacionalista hasta un extremo difícil de creer. El 1 de octubre ya se les pudo ver, con sus uniformes y cascos, interponiéndose entre las manifas y la Policía Nacional, a modo de escudos humanos. Esa táctica suya, la de formar en cuadro, inmóviles frente a los antidisturbios, ha encantado a Cuixart, Sánchez y su centenar de Trotskis de pacotilla paniaguados con fondos públicos, por lo que han aconsejado a su tropa esa misma formación, bien de pie, bien sentados, rodeando cuarteles de la Guardia Civil o centros neurálgicos como la torre de comunicaciones del aeropuerto de El Prat. Todo muy pacífico, claro...

Huelgas laborales, de hambre y campañas de desobediencia civil complementarán estas acciones. ¡Viva la paz!

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