IVA INCLUIDO

Mujeres

JOSÉ MIGUEL Martínez Urtasun

De los cinco restaurantes estrellados de Aragón, dos cuentan con mujeres al frente de sus cocinas y negocios. Un porcentaje que supera de largo el habitual en el resto del país, donde las jefas de cocina, las cocineras, ocupan poco espacio en páginas, imágenes, blogs y congresos varios. Lo que por otra parte, no debe sorprender –sí, indignar– ante la avalancha de datos que hemos recibido estos días acerca de la situación laboral de la mayoría de ellas.

Sin embargo y paradójicamente, la mayoría de los conspicuos chefs españoles atribuyen a sus madres gran parte de su vocación y profesionalidad, no serían lo que son sin ellas –obviedad, ni siquiera hubieran nacido–. ¿Qué se quiere decir entonces? ¿Qué la trasmisión de la cultura gastronómica reside en las madres, pero la puesta en valor y las mieles de la fama las ostentan y disfrutan los hijos, varones?

No va a entrar uno en las típicas y habituales disquisiciones sobre el porqué de esta situación –lo duro del trabajo, la dedicación que exige, etc.–, dado que sucede lo mismo en otras profesiones. Excepto en que, por ejemplo, ni banqueros ni deportistas suelen atribuir a su madre el origen de sus éxitos.

Tenemos numerosos ejemplos en nuestra tierra de magníficos establecimientos hosteleros o industrias agroalimentarias –más bien pequeñas, eso sí– dirigidos por mujeres. Faltaría más, pero la presencia de ellas sigue siendo exigua en grandes empresas, grupos hosteleros, asociaciones profesionales –escandaloso, por más que sean menos en número– y medios de comunicación.

Tampoco quiere caer uno en los tópicos de la mayor profesionalidad de las camareras, el mayor cariño de las cocineras hacia sus fogones o la sensibilidad de las agricultoras y ganaderas hacia sus trabajos. Pero lo cierto es que su presencia, muchas veces callada y oscura, debería visibilizarse mucho más, ponerse en valor de una vez.

Igual que sus sueldos y como en el resto de los sectores, por otra parte.

Outbrain