IVA INCLUIDO

Puercos

JOSÉ MIGUEL Martínez Urtasun

Reconozco que no he visto el ya famoso programa de Évole donde se ocupa de la industria porcina, parte de ella para ser exactos. Lo que da igual, pues a tenor de los comentarios escuchados y leídos uno ya se hace una idea más o menos cabal. Y es verdad que se dan esas situaciones, como no lo es menos, que el periodista ha elegido solamente una parte de la realidad –mínima o no, es otro problema–, para lograr su propósito, aparecer en la agenda.

Asunto sensible en esta comunidad donde la administración ha apostado por un porcino intensivo, modelo más que discutido y discutible. Donde, ciertamente, existen falsos autónomos y las condiciones laborales de los trabajadores de mataderos suelen ser precarias, pero también disponen de una seguridad alimentaria suficientemente garantizada y supone un modo de ganarse la vida para muchos agricultores aragoneses.

No hay más cera de la que arde. Si la ciudadanía quiere comer carne barata y en abundancia, estas fábricas resultan imprescindibles. Si el consumidor apuesta por carnes de cerdo más sabrosas y saludables, deberá encontrarlas en otros lugares, más allá de los supermercados de ocasión, y pagar su precio justo.

El problema aparece cuando la administración opta únicamente por el modelo industrial, imponiendo unas normativas que dificultan sensiblemente el trabajo de los pequeños y medianos artesanos agroalimentarios, la queja más frecuente en el sector, como podrán leer en el Gastro de este bimestre.

Si vivimos en una economía libre de mercado, que lo sea. Y hasta se pueden entender las ayudas otorgadas a las grandes corporaciones porcinas –titulares, centenares de puestos de trabajo, etc.–, pero lo que resulta inadmisible son las trabas a los pequeños, los que viven y mantienen nuestros pueblos.

Y que dejen a uno gastarse en una buena longaniza o un sabroso cerdo criado en libertad, lo que se ahorra en gasolina y teléfonos inteligentes. ¿No somos liberales?

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