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CRIMEN DE LA CALLE DOMINGO RAM DE ZARAGOZA

Admite que mató a su compañero en una pelea por la televisión

La víctima murió tras sufrir ocho puñaladas, dos de ellas en el corazón. El encausado se enfrenta a un máximo de 20 años de prisión por asesinato

 

El encausado, ayer, en la Audiencia Provincial de Zaragoza - CHUS MARCHADOR

L. M. G.
14/09/2017

Vicente Torres Roig, de 52 años, admitió ayer ser el autor del asesinato de Reinaldo Lázaro García, al que asestó hasta ocho puñaladas el 20 de junio del 2016 en el piso que compartían en la calle de Domingo Ram, en el barrio zaragozano de Delicias. Lo hizo en el juicio con jurado celebrado en la Audiencia Provincial de Zaragoza. No era la primera vez que se sentaba en un banquillo y que también reconocía los hechos. Pasó nueve años en la cárcel tras intentar matar a un indigente en un puente de Alicante en el que vivía en ese momento.

El procesado se enfrenta a 23 años de prisión que solicitaba la Fiscalía, si bien el representante del ministerio público decidió rebajarlos a 20, tras aceptar la atenuante de embriaguez que presentó el abogado de la defensa, Enrique Puértolas. Ahora está en manos del magistrado presidente del tribunal popular, Mauricio Murillo, los años exactos de condena a imponer, ya que la pena mínima por asesinato son 15 años y la petición de la acusación es de cinco más.

Torres Roig reconoció que la manipulación del cableado de la antena de la televisión por parte de la víctima derivó en un enfrentamiento porque el encausado no podía ver su programa favorito. Ante ello, molesto, salió de su cuarto y se dirigió hacia Reinaldo Lázaro García, mientras le decía: «Hijo de perra». La víctima respondió dándole un manotazo en la cara y, acto seguido, Torres Roig sacó un cuchillo doméstico, con el que le abordó sorpresivamente, y le asestó ocho puñaladas –cinco en el estómago, dos en corazón y una en el hígado–.

Unas lesiones que produjeron en la víctima un shock hemorrágico con parada cardiaca y su fallecimiento inmediato, sin que tuviera oportunidad de defenderse.

Casualamente, momentos después de que ocurriera el crimen, entraron en la vivienda la arrendataria acompañada por otra persona que salieron a la calle para pedir auxilio y vieron salir al acusado diciendo, voz en grito: «Se acabó el problema».

Torres Roig no se fue muy lejos, ya que fue detenido a las pocas horas sentado en un banco próximo con la ropa llena de sangre. Sí intentó deshacerse del arma homicida –que había cogido esa mañana de la cocina y se lo había llevado al dormitorio para guardarlo–, aunque el Cuerpo Nacional de Policía logró encontrarlo en el vertedero municipal.

Las investigaciones realizadas por el Grupo de Homicidios confirmaron que era el cuchillo empleado porque las muestras de sangre y de ADN determinaron que correspondía al mismo perfil genético que el de la víctima y porque el arma empleada apareció entre los restos de basura procedentes de la zona en la que se produjo el crimen.

Los psiquiatras forenses señalaron que Torres Roig «no tiene la capacidad de distinguir los hechos que comete y las consecuencias de los mismos».