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El agua, espejo del alma

Más de 1.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable y más de 2.400 millones carecen de saneamiento.

CRISTINA MonjeCRISTINA Monje
29/03/2011

 

Hace unos días celebrábamos, una vez más, el Día Mundial del Agua: una jornada dedicada a llamar la atención internacional sobre los principales problemas que existen en torno a la gestión del preciado líquido. Este año, la conmemoración se ha centrado en la relación entre agua y ciudad, poniendo de manifiesto que más del 50% de la población mundial vivimos en ciudades y que la calidad y la buena gestión del agua sigue siendo un desafío para gran parte de ellas.

Si elevamos la mirada e intentamos entender lo que el agua significa para el conjunto del planeta, más allá de lugares comunes, quizá nos sorprendamos al ver cómo esta agua, no siempre cristalina, acaba reflejando cual espejo certero las miserias de esta civilización, que ha conseguido explorar el sistema solar e investigar desde la composición de Plutón hasta la nanociencia, pero que es incapaz de garantizar agua y saneamiento adecuado para la población. No hay que cansarse de repetir que más de 1.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable y que más de 2.400 millones carecen de un saneamiento adecuado. Como tampoco hay que olvidar que el problema no es la escasez de agua, sino la contaminación de los acuíferos, lagos, ríos y humedales, que poco a poco ha ido acabando con los recursos más esenciales para buena parte del planeta. Toda una señal de un modelo de desarrollo insostenible y depredador que, de no frenarse, acabará devorándonos.

Pero el agua nos está diciendo más cosas: Aunque todavía hay quienes siguen discutiendo sobre si la energía nuclear es una fuente energética de futuro, a la hora de escribir estas líneas, el agua de seis provincias japonesas presenta ya altos niveles de radiación. A nadie se le escapa que esto supone la constatación de que la tierra, los alimentos y el aire, se tornan en una amenaza para la salud humana. Así, las contradicciones de nuestro estilo de vida y los problemas energéticos se reflejan también en nuestro espejo.

Si miramos más cerca de casa, pocos temas hay que resulten más reveladores de la sociología de nuestro entorno que los conflictos y disputas en torno a la gestión del agua. Se acercan citas electorales y los fantasmas vuelven a resurgir, demostrándonos lo difícil que es aprender las lecciones que la Historia nos va dando cuando los objetivos tienen más de interés por el poder que de política entendida como bien común. De ahí que en plena crisis urbanística desde el gobierno valenciano se siga reclamando el trasvase del Ebro, como el que saca a pasear viejos mitos que entiende son una apuesta segura para su victoria, demostrándonos que hay quienes no sólo no están aprendiendo nada de esta crisis, sino que están haciendo méritos para volver a caer en ella cuanto antes.

Todo esto sucede una semana después de que el Tribunal Constitucional anulara los artículos de los Estatutos de Autonomía que atribuían la gestión íntegra del Guadalquivir y del Duero a Andalucía y Castilla respectivamente. Sin duda, el fallo supone una buena noticia para la unidad de cuenca, pero también pone de manifiesto cómo nuestro estado autonómico, en ocasiones, nos recuerda aquella máxima goyesca de que "el sueño de la razón produce monstruos".

En Aragón el agua también nos devuelve la imagen de lo que somos: casi veinte años después de que se aprobara el polémico y fallido Pacto del Agua, seguimos enfrascados en conflictos que no han sabido entender ni poner en valor la importancia del acuerdo. Si bien es cierto que algunos de ellos se superaron con éxito y supusieron el inicio de una nueva época en la gestión del agua en algunos ríos, también es verdad que queda camino por recorrer y que a estas alturas del siglo XXI las necesidades sociales, el desarrollo rural o el valor de los ríos y el paisaje, entre otras cosas, no son los mismos que Costa conoció. Podemos hablar del agua en las ciudades, de la necesidad de avanzar en la eficiencia, de repensar el modelo agrícola, de mantener el buen estado ecológico de las masas de agua, o de tantos otros temas. Pero todos ellos tendremos que abordarlos entendiendo que el agua hace las veces de espejo devolviéndonos la imagen de lo mejor y lo peor que como civilización hemos conseguido.

Directora de Proyección Externa de Ecodes

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