Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

Menú Accede

REPORTAJE.

La cruzada de los enfermos invisibles

ANTONIO M. YAGÜEANTONIO M. YAGÜE
07/05/2011

 

Cansancio anormal, fatiga extrema, mareos, palpitaciones, reacciones cutáneas, sensibilidad aguda a los olores, picores en los ojos, dificultades motoras, cefaleas, dermatitis, diarrea, torpeza mental y así hasta un centenar de síntomas se turnan hasta que un momento determinado cortocircuitan y provocan al invalidez del organismo entero. Así describen padecen la enfermedad de sensibilidad química y ambiental múltiple (SQM), oficialmente considerada un trastorno que ya afecta gravemente en España a unas 25.000 personas, según calcula Joaquim Fernández-Solá, especialista en medicina interna del Hospital Clínic de Barcelona y principal experto en esta enfermedad que hasta la OMS se resiste a reconocer entre otras cosas "por el miedo a la repercusión económica", aunque "no tardará" confía el especialista, porque ya se ha hecho a nivel médico y en países como Alemania, Austria, Japón y Canadá.

"Logramos alguna sentencia suelta en los juzgados que la reconocen como enfermedad laboral y su incapacidad total, pero la Seguridad Social las recurre y vuelta a empezar", asegura Dori Fernández, madrileña enferma desde 1995, y una de las organizadoras de la concentración que a nivel nacional reúne hoy en la Puerta del Sol de Madrid a miles de afectadas.

No se conoce, según Fernández-Solà, la causa exacta pero sí los agentes que responde al contacto con productos químicos. No hay dos casos idénticos, porque según los expertos cuentan el bagaje genético, el nivel de exposición a los tóxicos y la mayor o menor facilidad para eliminarlos. En el ojo del huracán se sitúan productos de limpieza, colonias, disolventes, pesticidas, plásticos, metales y un sinfín de productos químicos presentes en el hogar, el trabajo, en el aire, en el tráfico o en la misma comida.

La SQM no tiene cura. Solà explica que se trata de una enfermedad muy compleja que exige una huida constante de los productos químicos y que hay terapias de desintoxicación e inmuniazación que con tiempo, dinero, constancia y algo de suerte, permiten a algunas pacientes una existencia razonable.