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Sala de máquinas

Cuando la novela se confunde con el sueño

 

Juan Bolea Juan Bolea
07/11/2016

La lectura de Isla de Lobos, de José Vicente Pascual (editorial Versátil) reciente ganadora del Premio Alfonso el Magnánimo de Narrativa me ha devuelto sensaciones, como lector, que creía casi perdidas. Las que me legaron, por ejemplo, Herman Broch con La muerte de Virgilio; La piel fría, de Sánchez Piñol o Julien Gracq, con El mar de las Sirtes. Por cierto, la editorial Nocturna acaba de editar por primera vez en castellano una novela póstuma de Gracq, Las tierras del ocaso, de la que, debido a su gran interés, les hablaré próximamente.

Isla de lobos es un ejercicio de literatura estética donde la pericia del autor nos envuelve en un universo fantasmal, metafórico, por un lado, pero también perfectamente representable en sus geografías y personajes a través del imaginario de cronistas, descubridores, seres imaginarios y aventuras atlánticas que duermen en la memoria de los buenos lectores, los mismos que disfrutarán con esta original lectura.

Estamos en una isla perdida en las inmensidades del océano Atlántico, y en pleno siglo XVIII. El siglo de la Revolución, de las luces, que tan bien novelara Alejo Carpentier, de cuya prosa nos parece saborear asimismo ecos. Centuria de descubrimientos, de lucha cerrada de la ciencia y de la razón contra el dogma religioso y el teocentrismo político. Marinos, matemáticos, filósofos en busca de la verdad intelectual y de los confines del mundo, pero también, aún, mucha ignorancia, analfabetismo, crueldad, esclavitud... Esa pugna entre la tradición y la modernidad no será ajena a la vida cotidiania en isla de Lobos, como tampoco la feroz disputa por el poder civil, a medio camino entre el débito feudal y la voluntad popular.

José Vicente Pascual, autor de esta, al mismo tiempo, claustrofóbica y exótica arquitectura verbal, colgada del sueño y de la lucidez como una brillante idea iluminada en la vigilia, a ratos onírica, ora prendida a un realismo todavía nonato a la tradición literaria, es capaz de crear personajes extraordinarios, en los cuales se sustenta en buena medida la fuerza de la trama. Ramiro, el contador de olas, el santero Sanaperros, el presbítero don Manuel de Garceses, el matasiete Jaruzelski, doña Aguas Santas Rivero... Un elenco fabuloso para habitar un mundo de certidumbres y visiones donde el amor y el poder se desvanecen como la neblina en los acantilados de Isla de Lobos. H

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2 Comentarios
02

Por Parmenio 10:59 - 07.11.2016

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Hola Juan, verdaderamente el oficio de la literatura y el periodismo, deberia de ser suficiente, pensando en la productividad, y que se trata, cuando es literatura de calidad, de un bien de interes cultural, muy importante, para la Humanidad.

01

Por Beee 10:38 - 07.11.2016

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Esto es lo suyo sr. Bolea, este es el camino, vuelva usted con sus libricos y deje a un lado escribir sobre política o sobre algún político en concreto. Su artículo de hoy es todo felicidad, literatura y flores, sin embargo estas semanas atras cuando no hablaba de política todo eran sinsabores, dardos y polémicas.