Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

Menú Accede

Estrés en el Ayuntamiento de Zaragoza

ANTONIO AramayonaANTONIO Aramayona
06/10/2008

 

Muchos son los actos y los fastos que les esperan a Juan Alberto Belloch y sus ediles en estas Fiestas del Pilar. Especialmente, llegarán al día 12, ya medio exhaustos, y, vestidos con traje con banda e insignia de concejal, saldrán a la puerta principal del ayuntamiento para recorrer solemnemente la plaza del Pilar, encabezados por el alcalde y los dos primeros tenientes de alcalde. Hecha la ofrenda de flores, entrará la corporación a la basílica del Pilar para asistir a una Solemne Misa Pontifical, a cuyo término volverá a salir a la plaza para (primero, el arzobispo; Belloch, después; finalmente, el resto de la corporación municipal, hacer una segunda ofrenda de flores. Vuélvese después a entrar a la basílica para que el alcalde se despida del arzobispo en la puerta de la sacristía (no queda claro si, en el ínterin, no descasarán pies y callos, recalentados con tanto ir y venir, con un ceremonial vino español, tal como acontece en otras fechas similares).

Regresan después los ediles al ayuntamiento, aunque por poco tiempo, pues al día siguiente, 13, con traje oscuro, pero sin banda de concejal, pues solo la lleva el alcalde, vuelven a ir a la basílica, para la Ofrenda de Frutos. Para colmo, según el Reglamento de protocolo municipal, por la tarde les toca asistir a la procesión del Rosario de Cristal.

Es posible que algún que otro concejal, aprovechando tanta visita a la basílica, haya puesto alguna vela para pedir que el ayuntamiento zaragozano siga siendo uniconfesional, y no pluriconfesional, pues en tal caso les tocaría, por ejemplo, asistir institucionalmente a las fiestas del Ramadán o del Yom Kipur. A fin de paliar en lo que cabe la esquizofrenia galopante en que están sumidos los ediles zaragozanos, algunos de ellos quieren pedir la derogación del artículo 16.3 de nuestra Constitución, que declara la aconfesionalidad del Estado.

Y es que se piensa como se vive, en lugar de vivir como se piensa.

Profesor de Filosofía

 


 

Opinión
El Independiente

En Venezuela, desde luego, mucho peor

Por: José Luis Trasobares

Inteligencia emocional

Riveralización

Por: Nerea Vadillo

A LA CONTRA

Juliá, solo ante el peligro

Por: Alfonso Hernández

SALA DE MÁQUINAS

La izquierda y la novela negra, en ebullición

Por: Juan Bolea

Tercera página

Elogio interesado de la sanidad pública

Por: Juan Manuel Aragüés

Sedimentos

El libro en la calle

Por: Carmen Bandrés