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CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO DE LA MUERTE DEL PIANISTA.

Una exposición sobre Albéniz subraya su carácter universal

La muestra recorre la vida y obra del compositor tras varios estudios que niegan algunas leyendas.

MERCEDES JANSAMERCEDES JANSA
12/11/2009

 

A Isaac Albéniz le dolía España pese a ser profundamente catalanista. Su pasión nacionalista no le impidió divulgar como nadie la cultura española y marcó un rumbo que luego seguirían Manuel de Falla y Joaquín Turina, que lo etiquetó como "catalán moldeado en andaluz". Pero por encima de todo fue un compositor cuya obra tiene un carácter universal que se ha querido remarcar en la última exposición conmemorativa del centenario de su muerte, que se cumple este año, inaugurada ayer por su sobrino-nieto y alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón.

La muestra, que se podrá ver hasta el próximo 31 de enero en el madrileño Centro Cultural de Conde Duque, lleva por título Albéniz, leyendas y verdades, y recoge algunos documentos donados por sus herederos que ponen el acento en su vida personal llena de medias verdades y falsas leyendas.

El comisario de la exposición, Justo Romero, afirma en el catálogo que la reciente publicación de rigurosos estudios musicológicos ponen en su sitio al pianista de Camprodon y permiten apreciar la profundidad de su obra. Nacido hace 149 años, Albéniz murió demasiado pronto, sin que hubiera desarrollado toda su capacidad creativa.

NUEVAS CORRIENTES
Tanto Ruiz-Gallardón como Romero destacaron en la inauguración la genialidad del compositor que a los cuatro años dio su primer concierto y engarzó musicalmente de manera magistral los siglos XIX y XX. Según Romero, "supo conjugar como ningún otro su pasión nacionalista con las nuevas corrientes estéticas que surgían en su tiempo".

Como casi todos los artistas españoles de su época, Albéniz no tuvo en vida el reconocimiento merecido. En un momento "duro y doliente" de la historia de España, marcada por los desastres coloniales de 1898, el pianista "no tuvo una respuesta generosa al esfuerzo artístico que realizó", dijo el alcalde madrileño.

El autor de Iberia era un hombre "extravertido, cosmopolita, abierto y plural", plenamente inmerso en las tendencias culturales de su época, por encima de todas el modernismo. Su música, desde las castizas zarzuelas hasta las composiciones con pinceladas wagnerianas, fueron la "visión que un catalán tenía de España", según Gallardón.

El rechazo que la capital estatal mostró a Albéniz desarrolló en él un sentimiento de amor-odio. Su "discurso severo" contra Madrid, pese a dedicarle su obra Lavapiés, se debió a juicio del alcalde, al desprecio que los editores metidos a empresarios teatrales mostraron hacia sus óperas frente a las de autores italianos o alemanes. Gallardón lamentó esa actitud tan española en la época de "dar la espalda a los artistas que van por delante de nosotros porque son capaces de identificar nuestros sentimientos".

La exposición muestra algunas facetas menos conocidas de la vida de Albéniz, como por ejemplo, su interés por el arte.

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