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CRÓNICA POLÍTICA.

Hereu deja helado a medio Aragón

Cuando nadie se acordaba de los Juegos Olímpicos de Invierno del 2022, la irrupción de Barcelona convierte ahora la candidatura en una prioridad de primer nivel para Gobierno y ayuntamiento zaragozano.

M. VALLÉS/ M. VALIENTE/ A. IBÁÑEZM. VALLÉS/ M. VALIENTE/ A. IBÁÑEZ
17/01/2010

 

Los Juegos Olímpicos de Invierno se han convertido en solo una semana en un objetivo común. En una Expo sazonada de pistas de esquí, nieve y hielo. No hay nada mejor para valorar lo que uno tiene, que alguien intente arrebatártelo. Y si ese alguien es Cataluña, todavía más. Nadie en Aragón se acordaba el martes del proyecto de olimpiadas. Pero tras el anuncio de Jordi Hereu, Gobierno y Ayuntamiento de Zaragoza lo abrazaban cual tesoro. Su tesoro...

Un tesoro que ahora luce mucho más, claro. Pocos sabían, incluso en Aragón, que el 2022 era fecha olímpica para la comunidad. Pero la irrupción de Barcelona, con todo su potencial mediático, ha hecho que la pugna entre la capital catalana y Zaragoza trascienda más allá de las fronteras. A día de hoy, todo el mundo lo sabe. Aragón y Cataluña quieren unas olimpiadas de invierno.

Además de la promoción, el anuncio de Barcelona, lejos de ser negativo, tiene múltiples aspectos positivos. El proyecto sale reforzado. La competencia catalana obliga a Gobierno y Ayuntamiento de Zaragoza a redoblar esfuerzos, a adelantar la formación del consorcio, a llevar siempre la delantera. El sueño olímpico se vuelve terrenal. Se convierte en objetivo estratégico. Más todavía con las elecciones a la vuelta de la esquina. Pero no solo eso.

La rivalidad vecina obliga a unirse en torno a un proyecto que ahora el ciudadano de la calle ve peligrar. Habrá que ver cómo maniobran ahora los partidos políticos. El PP, que ha alimentado el rechazo a Cataluña en los últimos meses a tenor de la ley de Lenguas, tendrá que reaccionar y abrazar, con más o menos entusiasmo, el objetivo olímpico. De otra forma, la "mancha de aceite" catalanista podría invadir los Pirineos.

La entrada de Barcelona coloca también al Gobierno en una posición incómoda. El presidente Iglesias no ha disimulado esta semana su malestar. El jefe del Ejecutivo se enteró porque le llamaron por teléfono los medios de comunicación el mismo día. Nadie de Barcelona se puso en contacto con él. Y tampoco había hablado nunca con Hereu del aspecto. Hace menos de un mes estuvieron juntos en Barcelona en un homenaje a la Casa de Aragón. Charlaron largo rato, pero Hereu no le dijo ni una palabra.

Tampoco en el Ayuntamiento de Zaragoza tenían noticia alguna. Reconocen que esperaban algún movimiento por parte del consistorio leridano, que ya hace unos meses anunció su intención de presentar una candidatura alternativa. Pero con Barcelona ni se contaba ni se la esperaba. Al igual que a su alcalde. Aunque Hereu ha hecho un amago de dar explicaciones al alcalde de la capital aragonesa, Belloch ya ha dicho que mejor que no venga, que no será bien recibido. Tanto el primer edil como el vicealcalde se han convertido en los abanderados del proyecto olímpico con bríos renovados, aunque en círculos reducidos unos y otros reconocen que este proyecto ya les pilla demasiado lejos. Antes tienen otros juguetitos con los que entretenerse: Expo Paisajes 2014, Zaragoza 2016... Y lo que es mejor, la decisión no se conocerá hasta el 2013 y entre tanto hay unas elecciones municipales por celebrar.

La interpretación que se hace desde los políticos aragoneses es que los sondeos le dan a Hereu muy pocas posibilidades de victoria en las elecciones. Por tanto, se ha sacado de la manga un proyecto espectacular con un único fin: electoralista. En cualquier caso, es una candidatura inmadura. No hay proyecto, no hay planes. Se trata de un simple esbozo. No hay programa económico tampoco y todo parece que ha sido una idea que se ha lanzado al aire. Tampoco tenía conocimiento el COE, y el Gobierno de España había sabido algo de oídas. En principio, el apoyo español va por la candidatura aragonesa, porque se lleva trabajando hace más de 20 años y hay mucho hecho. La candidatura de Barcelona se ve en privado más como un sarpullido que como algo real y efectivo. De todas formas, la obligación del Gobierno central será también mimarla y no descartarla públicamente.