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Los islamistas de la India quieren erradicar la influencia occidental

Pretenden acabar con la "anarquía sexual" y la "degeneración moral".

MARC MARGINEDASMARC MARGINEDAS
28/11/2008

 

Con el paso de las horas, los analistas comienzan a hacerse un cuadro más completo acerca de la autoría de la ola de atentados en Bombay. Aunque hasta el miércoles nadie había oído hablar de los Muyahidines del Decán, el grupo que se atribuyó por correo electrónico los atentados en las primeras horas, los expertos no quisieron ayer perderse en nombres, grupúsculos o escisiones y veían en última instancia la mano negra del ilegalizado Movimiento de Estudiantes Islámicos de la India (SIMI), una suerte de organización paraguas surgida en 1977, de carácter radical, admiración declarada por los preceptos de Al Qaeda y con supuestos vínculos con los servicios secretos de Pakistán. Durante todos estos años, ha proporcionado el sustrato ideológico necesario a diferentes grupos armados que han actuado en la India, como Lashkar-e-Toiba y los Muyahidines de la India.

El principal objetivo del SIMI, tal y como es descrito en el prestigioso Portal sobre Terrorismo en el Sureste de Asia, es liberar a la sociedad india de la "creciente degeneración moral, la anarquía sexual y la falta de sensibilidad del decadente Occidente", lo que encaja a la perfección con los testimonios de algunos de los escapados del Hotel Taj Mahal, que aseguraban que los atacantes buscaban ante todo individuos con pasaporte estadounidense, británico o israelí. Los objetivos elegidos parecen reforzar esta hipótesis: eran establecimientos frecuentados por ciudadanos occidentales en Bombay.

DESPRECIO POR EL NACIONALISMO
El SIMI desprecia el nacionalismo indio y aspira a la restauración del khilafat (califato). Según el académico Yoginder Sikand, el nacionalismo indio es considerado por el SIMI como un "falso ídolo" diseñado por los

"enemigos del islam" para "dividir a los musulmanes y debilitarlos"; la lucha debe centrarse en establecer la "supremacía del islam". El estado de Jammu y Kashmir, de mayoría musulmana y principal motivo de fricción entre la India y Pakistán desde la independencia en 1947, no es de ninguna manera, según el SIMI, parte integrante de la India.

Las estimaciones del Portal sobre Terrorismo en el Sureste de Asia apuntan a que el ilegalizado SIMI cuenta con "400 miembros a tiempo completo" y otros "20.000 miembros ordinarios". "Activistas del SIMI, a lo largo de los años, se han convertido en parte vital de los planes de grupos terroristas como Lashkar-e-Toiba para desestabilizar a la India", sostienen las mismas fuentes, lo que refuerza la tesis de que grupos armados como los Muyahidines de la India o Lashkar-e-Toiba vienen a beber de una misma fuente. Los miembros del SIMI son estudiantes de hasta 30 años que se retiran en cuanto han superado dicha edad.

Una vez apagados los rescoldos de los ataques terroristas de Bombay, el principal motivo de inquietud internacional es que los supuestos vínculos de los islamistas indios con los servicios secretos paquistanís reavive las tensiones entre Nueva Delhi e Islamabad, dos gigantes asiáticos dotados de armamento atómico. La policía india acusa a Safdar Nagori, secretario general del SIMI, en prisión desde el 27 de marzo pasado, de haber establecido contactos con Inter-Services Intelligence (ISI), el servicio de espionaje exterior de Pakistán. "Si la India apunta con el dedo acusador a Pakistán, entonces pueden surgir grandes tensiones diplomáticas", adelanta Gordon Correra, corresponsal para temas de seguridad de la BBC. Un interrogante que tardará solo unos pocos días en resolverse.