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LA RED DEL PESCADOR

  •  José Luis Galar teje una red de intrigas vaticanas en la Roma cardenalicia y en escenarios de una Zaragoza como de cine negro


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    JUAN BoleaJUAN Bolea 25/01/2005

    En la última novela de José Luis Galar, La Red del Pescador, figuran algunas de esas escenas que presentimos habrán de perdurar en la memoria.

    Una de ellas, concretamente, describe a un Papa de ficción, Adriano X, de origen ruso, abandonando secretamente el Vaticano. Pero no lo hace con su hábito blanco, rodeado de eminentes cardenales, o de su guardia personal, sino en compañía de otro obispo, ruso, como él, que le sostiene en medio de las luchas de las facciones que intrigan sobre su sucesión. Ambos rusos, el obispo y el Papa, se dirigen a bordo de un lujoso coche hacia el centro de Roma, y poco después los tenemos cómodamente instalados en la terraza de un apartamento exclusivo, con magníficas vistas sobre la ciudad eterna. En camiseta y vaqueros, como dos ciudadanos más, fuman cigarrillos y hablan de asuntos comunes.

    ¿Es posible que una escena así haya ocurrido en la realidad? Otras novelas, como La piel del tambor (que Galar cita en su prólogo) o El último Catón insinúan la doble moral que podría haberse instalado tras los muros del Vaticano. También La Red del Pescador , en esta línea, pero con voz propia, abunda en esas intrigas, en las finanzas de la Iglesia, en sus relaciones con personajes nada ejemplares. En sus transgresiones y enigmas, y en la delgada línea entre el vicio y la virtud.

    La trama, sin embargo, no se reduce a los escenarios romanos. Una Zaragoza que podemos reconocer con facilidad, La Seo, el Arco del Deán, la calle Pabostria, incluso los modernos barrios residenciales sirven también como eficaz atrezzo a una serie de capítulos protagonizados por un detective que tiene su despacho en el casco antiguo. Se trata de un tipo gordo y alto, sin demasiados escrúpulos, llamado Marcos Calvo. Le gustan los quemadillos, el tango, los sombreros, los Morgan descapotables y las camareras que recogen tarde, y con aire cansado, los vasos y las mesas. Para emparejar a su detective, Galar creará una atractiva heroína: Rebeca Gelabert, una muchacha romana que tendrá que desplazarse para testificar en el caso de un sacerdote, pariente suyo, que acaba de ser asesinado en extrañas circunstancias.

    Una historia compleja, híbrida en el tiempo y en el espacio, que combina episodios en torno a la búsqueda de un fabuloso tarot cuya hermética escritura podría contribuir a descifrar el origen de la materia, confiriendo a su dueño un poder más allá de lo imaginable. La pugna por la posesión de esa baraja sagrada, supuestamente fundida con el oro del Becerro que Moisés mandó destruir, segará las vidas de muchos de los peregrinos que han partido en su búsqueda. Pero siempre quedará la Rete piscatoris , o una secreta malla procedente de las antiguas cruzadas cuyo entramado habría sobrevivido hasta nuestros días, siempre tras la pista de este otro Grial.

    José Luis Galar juega sus bazas con honestidad y oficio, hasta ultimar una exitosa novela, editada con mimo por un sello, Leyere, que dirige con acierto Eutimio Merino. Una novela que se lee sin pausa, animada por una mecánica bien engrasada, por dosis de tensión, de erotismo, de violencia, y por una creciente curiosidad frente al enigma primigenio, que el desenlace final se encargará de satisfacer.

    *Escritor y periodista