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REPORTAJE.

Las bombas de la discordia

Sectores ciudadanos piden que se aproveche la Expo del 2008 para retirar los proyectiles de la guerra civil expuestos en el interior de la basílica del Pilar El Cabildo Metropolitano guarda silencio sobre la polémica.

F. VALERO F. VALERO 24/06/2007

Sabido es que las bombas lanzadas por un avión sobre el Pilar de Zaragoza, el 3 de agosto del año 1936, nunca llegaron a explotar. Pero desde el inicio de la Transición democrática, periódicamente, estallan polémicas sobre la conveniencia de mantener expuestos en la basílica zaragozana unos proyectiles que, para una parte de la opinión pública, simbolizan las dos españas de la guerra civil.

"Habría que aprovechar la Expo del 2008 para retirar las bombas, ya no tiene sentido que ese vestigio de un pasado lamentable siga colgado en las paredes del monumento más visitado de Zaragoza", afirma el doctor en Antropología Miguel Miranda.

En su opinión, es "lógico" que se descuelguen los dos artefactos explosivos que se conservan, "de la misma forma que se han quitado de los muros de las iglesias las placas con los nombres de los caídos en la contienda".

Pero el punto de vista de Miranda, común en medios universitarios, se enfrenta al silencio del Cabildo Metropolitano de Zaragoza, para el que "no hay nada que decir" sobre un tema que no considera importante. Con todo, la cubierta del Pilar conserva aún los boquetes que dejaron dos de las bombas, que no se han tapado ni siquiera en las sucesivas reformas, mientras que una cruz de mármol señala el lugar exacto de la plaza en el que cayó el tercero de los proyectiles.

"Es embarazoso explicar a los visitantes, sobre todo extranjeros, el significado de esas bombas", comenta Miranda, para quien existen "serias dudas" sobre la autenticidad de la historia que atribuye a los republicanos el lanzamiento de los tres proyectiles.

"Es raro que las bombas expuestas estén intactas, sin una sola abolladura", reflexiona el doctor en Antropología. Él suscribe la tesis publicada en los años 70 en la revista Andalán, según la cual "de ser cierto que un avión lanzó esos proyectiles, nunca hubieran explotado porque, por lo que se ve, no volaba a una altura suficiente".

En cambio, para el canónigo Juan Antonio Gracia, la realidad histórica del episodio "está fuera de toda duda". "Basta con ver las marcas que dejaron", subraya el sacerdote, que habla a título particular. Para él, "no tiene sentido" enzarzarse en otra polémica sobre las bombas. "Lo que tiene importancia es la devoción a la Virgen del Pilar", dice.

Y hace hincapié en que "la Iglesia jamás ha considerado un milagro el hecho de que las bombas no explotaran". Desde el punto de vista eclesiástico, añade, los artefactos bélicos exhibidos son "un mero testimonio de un hecho que ocurrió, sin más". Además, subraya Gracia, "la Iglesia no explota la historia de las bombas ni la utiliza para hacer propaganda".

Pero quizá no haya sido siempre así. Eloy Fernández Clemente, catedrático de Historia Económica, mantiene que, durante la guerra civil, "los insurrectos difundieron el milagro para mostrar la maldad de los rojos y ganar apoyos para su causa".

Pero el historiador está convencido de la autenticidad del hecho. "Sí se lanzaron", asegura. "Había testigos que oyeron el silbido de las bombas y el zumbido de los aviones". Fernández Clemente aclara, no obstante, que los proyectiles no tenían ningún peligro, "pues no llevaban espoleta".

Ahora bien, no es partidario de quitar las bombas del Pilar. Para empezar, dice, pertenecen a la Iglesia, que es "dueña y señora de su casa". Además, cree que la retirada de los proyectiles no pasaría de ser un gesto "superficial". "Puestos a cambiar, más me gustaría que el Pilar pasara a ser un ejemplo del catolicismo más progresista", argumenta. Por último, considera que pedir a la Iglesia que elimine los artefactos explosivos sería "excesivo y crearía más crispación".

El jesuita Jesús María Alemany, del Centro de Investigación para la Paz, piensa parecido. Para él, es una frivolidad preocuparse de las bombas del Pilar "cuando la sociedad y los políticos están divididos ante retos más urgentes".

 


 

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