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en primera persona

LOLA : "No puedo llevar a mi hijo al colegio donde trabajo"

11/05/2006

TEXTO: R. LOZANO

FOTOS: NEIMA PIDAL

Lola López es maestra en un colegio de Zaragoza. Queda lejos de su casa, pero hasta ahora se las ha arreglado bien para ir y venir. El próximo curso su vida se verá muy revuelta, porque su hijo mayor, de 3 años, no tendrá plaza en el centro donde trabaja ella. No hace más que darle vueltas a una situación contra la que ha recurrido y ante la que no sabe cómo se va a organizar. Tendrá que dejar a su pequeño en un colegio a la misma hora --o casi-- a la que comienzan sus propias clases. Y, además, acaba de tener una hija. "No quiero ni pensarlo. Me entra mucho agobio".

Cada año, los procesos de escolarización causan múltiples situaciones conflictivas, a pesar de que se intenta depurar los baremos y adecuarlos a las necesidades de los padres. El problema de Lola López no es nuevo: los puntos que se obtienen para matricular a un niño cuando su padre o su madre son trabajadores del colegio al que se opta son pocos.

"Este punto debería estar más valorado para todos los trabajadores del centro, no sólo para los profesores. Pero los maestros tenemos un problema añadido, y es que no podemos variar nuestro horario. Si los pequeños están en clase a las nueve, nosotros tenemos que estar allí a esa hora. Si trabajas en información, tal vez si puedes retrasar un poco tu hora de entrada y de salida", explica la zaragozana.

Sus puntos por trabajar en el cole al que quiere llevar a su hijo --que empieza Infantil el curso próximo-- no han sido suficientes ni siquiera para entrar en el sorteo. "Es el primer año que tienen Infantil en el centro y ha habido mucha demanda, pese a que hay cuatro aulas. Posiblemente, se moverá la lista actual, porque habrá reclamaciones. Siempre las hay. Pero aún así, no tenemos opciones de acceder", señala la afectada.

La reclamación para que este supuesto varíe y sea mejor valorado es antigua; de hecho, la nueva ley de Educación (LOE) ya ha regulado esta materia y da más puntos por trabajar en el centro que se solicita. "Pero entra en vigor dentro de 20 días y no es aplicable en este proceso de matriculación, aunque sí será válida todo el curso próximo". Por unas semanas, Lola López y su familia se enfrentarán a un problema "que no es una tontería".

Y es que perder este primer año significa, prácticamente, renunciar para siempre al colegio. "No es un problema tonto o que suponga pasar un año malo y ya está. Al año siguiente dependería de las bajas, que no suele haber, porque si has elegido un colegio es porque te gusta. Así, tendría que hacer toda la Infantil y la Primaria en otro colegio. Y a ver cómo lo cambias en Secundaria", comenta.

Lola todavía no sabe dónde irá al colegio su hijo. Pero entrará a clase entre las nueve y las nueve y media de la mañana, como es habitual. Ella tiene que estar en su aula a las nueve y cuarto. Su marido también trabaja. No hay tiempo material para compatibilizar, en este caso, la vida familiar y laboral. "Hay que contratar a una persona para media hora por la mañana y otra media por la tarde, lo que resulta ridículo. O echar mano de los abuelos, que es lo que hace cada vez más gente. Pero eso es imponer a los abuelos una obligación, esclavizarlos en lugar de hacer que disfruten de sus nietos", opina.

Es una solución que dentro de unos años será aún más compleja. "Ahora, gran parte de las mujeres trabajamos, y lo haremos cuando seamos abuelas, por lo que nuestros hijos no podrán recurrir a nosotras", apunta. Y lamenta que, pese a que está más que consolidado el papel de los abuelos en el cuidado diario de los nietos ni siquiera sea tenido en cuenta el domicilio de aquéllos al hacer la baremación para acceder a un centro escolar.

Lola López acaba de tener otro hijo, una pequeña que ahora tiene un mes de vida. Así que a sus dificultades de conciliación se unirá la necesidad de atender a su bebé. "Se hacen planes de conciliación y a veces no se tienen en cuenta las medidas que no cuestan dinero, como la que yo necesito", argumenta.

No sabe cómo se organizará el año próximo. No quiere pensarlo. De momento, ha recurrido --y recurrirá-- cuanto le sea posible. Incluso ha acudido al Justicia de Aragón. Por ella no va a quedar.

 


 

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