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El Independiente

Olor a col podrida sobre la grava del Ebro

José Luis TrasobaresJosé Luis Trasobares
12/11/2010

 

Me he alegrado mucho al saber que las autoridades municipales de Zaragoza (más en concreto el responsable de Medio Ambiente, don Jerónimo Blasco) se han dirigido a la empresa Torraspapel, propietaria de la papelera de Montañana (o sea, La Montañanesa), conminándola a reducir los malos olores producidos por dicha factoría. El asunto no ha ocupado lugares destacados en los medios ni ha levantado pasiones entre el respetable, porque en la capital del Ebro somos muy tolerantes con según qué contaminaciones; pero un servidor cree que estamos ante un tema de mucha enjundia. No es de recibo que, cuando hay alma chicha, viento flojo del este o inversión térmica, se extienda sobre la Ciudad Inmortal un horrendo miasma cuyo aroma esencial se corresponde con el de la col podrida (y marinada en genuina salsa de cloaca).

Ya es raro que en esta Cesaraugusta, donde las quejas del vecindario son constantes, variadas y expuestas con sin igual dramatismo, casi nunca oyésemos lamento alguno referido a los malos olores y en concreto al de la papelera antes citada. Parece ser, no obstante, que se han venido acumulando las denuncias y finalmente el Ayuntamiento ha dado a Torraspapel un plazo de un mes para que corrija sus emanaciones (aunque, verdaderamente, no tengo yo muy claro cómo podrá hacerlo en tan breve plazo). Más fácil será meterle al Ebro la penúltima draga, que es otra iniciativa del mismo Blasco (el munícipe más activo pese a ser cooptado). Quiere retirar del río 26.000 metros cúbicos de grava para que el agua vaya ligera, los siluros puedan nadar a gusto y los turistas londinenses se sientan como en casa: un cauce despejado, un barco surcando las aguas y una niebla con olor a coliflor. ¡Ni el Támesis!

A su paso por Zaragoza, el Ebro se ha convertido en el río del tócame Roque. Está claro que no van a dejar de hincarle el diente hasta someterlo a las implacables leyes del diseño. Eso sí, de la misma forma que parece muy difícil convertir a La Montañanesa en una instalación inodora, también cuesta imaginar cómo podrá pagar el municipio tanta draga y tanto tejemaneje.

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