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De picos pardos

Lola.

ANTONIO DomínguezANTONIO Domínguez
22/09/2010

 

Acaba de escapársenos por los entreverados rincones de la parca la entrañable Lola, justo cuando estamos dándole adioses a José Antonio. ¡Qué crueles coincidencias nos depara la torva diosa de la muerte! Lola Olalla, plácida hembra que desde ha muchos años sentó cátedra de futuro. Luchadora, yoguera, esposa serrana. Una luchadora avant la lettre y madre de la nueva, nova o novísima canción aragonesa en aquella e inestimable función de representar y propagar lo nuestro. Sin esta mujer, puedo asegurar que no habría existido canto a la libertad alguno (musicalmente hablando).

Las voces ayer presentes están hoy ausentes (mera ignorancia) y las de quienes ni contigo ni sin mí, llorando. Plácido era (es) Lola, alrededor del reloj, la rebotica, los inventos y apuestas mil por Aragón (aunque no me gustan los siluros ni el mar de Aragón, querido). Lola mujer lúcida que arriesgó tiempo, dineros y sabiduría yace ahora mismo entre el calor solidario de sus íntimos pseareros, los últimos mohicanos. Miles de ciudadanos la lloran desde la verdad haciendo cola en el furgón de quienes lucharon con su inestimable complicidad para que Aragón y España tuviera un día donde hubiera libertad.

Una ciudadana más, una mujer sin más, pero tan importante en el pasado que hizo que esta libertad... fuera posible. El azar y la necesidad, Sísifo y las vueltas de la vida, Tántalo y los tontos, la libertad y tantos y tantos mequetrefes que peroran al sol que más calentaba sin saber cuántos pelos dejaron algunos en la gatera.

Plácido, Lola fue una mujer sin más. Imprescindible, discreta y valiente. Una mujer de Aragón imprescindible sin medallas ni reconocimientos. Hizo lo que debía, ahora que las buenas gentes lloran.

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