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REPORTAJE.

La segunda vida de un gato

La protectora Alborada busca casas de acogida temporal para los animales abandonados que encuentra en la ciudad a la espera de su adopción definitiva.

DAVID CHICDAVID CHIC
05/10/2009

 

"La gente en muchos casos compra un animal por impulso y luego, cuando se cansa, lo abandonan". Por motivos similares, los miembros de la protectora Alborada decidieron apostar por una organización en la que facilitar la figura de las casas de acogida: abrir la puerta de tu casa a un perro o un gato abandonado, hasta que encuentre un hogar permanente.

Según explicó Mar García, presidenta de la asociación, este año llevan recogidos 70 animales por las calles entre perros y gatos. Pero no solo se quedan en eso. "También hemos encontrado iguanas, dos corderos, patos, conejos y algún pájaro", indicó.

Noemí García es una de las responsable de buscar casa de acogida para gatos perdidos en Alborada. "Los gatos sufren mucho más abandono que los perros, y sin embargo, se les presta una menor atención", explicó y añadió que esta fue una de las razones por las que decidió colaborar con la protectora.

La relación de la asociación con las casas de acogida pretende hacerse de una forma informal, buscando hogares en los que el animal forme parte de la familia. "El perfil es gente que ya tiene animales, pero quiere cuidar alguno más", precisó Noemí.

Durante este año, 62 gatos han pasado o están en casa de acogida, 32 han sido dados en adopción y 5 han fallecido por las malas condiciones en las que fueron encontrados o por diversas enfermedades "ante las que se pudo hacer nada", reconoció Mar.

En Alborada lamentan disponer de pocas casas de acogida, lo que impide que presten su ayuda a un gran número de animales, aunque de este modo mantienen un control superior sobre cada gato y al conocer su carácter tienen más fácil descubrir dónde estará mejor tratado.

Ron y Bamba

Algo así les sucedió a Juan Antonio y Beatriz cuando se dirigieron a la protectora tras irse a vivir juntos. Desde siempre habían tenido claro que a partir de ese momento tendrían un gato, pero no pudieron evitar quedarse con dos. Ron y Bamba forman parte de su familia desde aquel día, aunque no se quedaron ahí. Juan Antonio cuenta que a los tres meses, "por casualidad", se encontró con un pequeño gato abandonado acosado por un perro cerca de su calle. Le intentaron buscar un nuevo hogar y finalmente decidieron que el mejor lugar para Duque, su nuevo nombre, sería su propia casa.

"Los animales no dan mucho trabajo, pero requieren una gran atención", explican Juan Antonio y Beatriz sobre su camada. "Queremos un trato digno para todos los animales y no podemos evitar sentir pena por cada animal abandonado", dicen. Este compromiso llevó a Juan Antonio a colaborar con una guardería para perros en Huesca a los que saca a pasear para evitar que pierdan la costumbre de estar con gente. De este modo conoció a Zoe, la última en incorporarse a la familia.

Zoe es una pequeña tekel a la que sus dueños iban a sacrificar y que finalmente se quedó con Juan Antonio y Beatriz tras descubrir lo bien que se llevaba con sus gatos. "Tener tantos gatos y perros es un problema, pero nos compensa porque dan mucho cariño", indican. "Lo más complicado para nosotros es organizar viajes: entonces tenemos que recurrir a los amigos y familiares", concluyen.