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MACHISMO EN UN PAÍS DEL CONO SUR.

Tolerancia con el maltrato

La sociedad argentina vive con indiferencia el aumento de la violencia familiar Grupos feministas luchan contra un infierno compartido por mujeres de todas las clases sociales.

ABEL GILBERTABEL GILBERT
14/01/2010

 

Adriana Marisel Zambrano fue asesinada en la norteña provincia argentina de Jujuy el 13 de julio del 2008. Tenía 28 años y una hija de nueve meses cuando José Manuel Alejandro Zerda, su expareja, la mató a puñetazos y puntapiés en diversas partes del cuerpo. La justicia de Jujuy consideró que el homicidio no había sido intencionado y condenó a su autor a apenas cinco años de prisión.

En el caso Zambrano convergieron la tolerancia cultural hacia el maltrato, el desinterés mediático por las víctimas sin abolengo y la laxitud judicial a la hora de dar una sentencia ejemplar. Y es por eso que la Casa del Encuentro, una asociación civil que lucha contra todas las formas de violencia contra las mujeres, cree que la historia de Adriana Marisel puede hablar por las miles que en los últimos años corrieron la misma suerte.

Cifras al alza

En año en que ella perdió la vida, otras 206 mujeres fueron también blanco fatal de la violencia machista. En los primeros ocho meses del 2009 se registraron 121 muertes, un 15% más que durante el mismo período del año anterior. "Los números colocan a Argentina como el tercer país de América Latina con mayores índices de violencia sexista, solo superada por México y Guatemala", explica Fabiana Túñez, cofundadora de la Casa del Encuentro.

El estudio realizado por esta asociación sobre la base de informaciones periodísticas revela que los responsables de los crímenes son, en primer lugar, los maridos y novios, seguidos de las exparejas. En casi un 10% de los episodios están involucrados integrantes de una fuerza de seguridad.

En la periferia bonaerense, donde viven más de siete millones de personas y se concentran enormes bolsas de pobreza, las comisarías recibieron 50.549 denuncias de violencia sexista entre enero y septiembre pasados. "Todos los maridos nos pegan acá", dijo al diario Clarín Guadalupe Duarte, de 22 años y con tres hijos, sobre los hábitos que reinan en la Villa Fiorito, la localidad de la principal provincia argentina donde nació Diego Maradona hace 49 años. Pero Túñez advierte que este es un infierno compartido por todas las clases sociales en Argentina.

En marzo, el Congreso sancionó una ley por la cual se asigna al Estado una partida presupuestaria para desarrollar políticas públicas que permitan erradicar gradualmente "toda conducta, acción u omisión" que, "basada en una relación desigual de poder", afecte a "la vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial", así como la "seguridad personal" de las mujeres. La ley todavía no ha entrado en vigor.

Numerosas asociaciones reclaman no solo que la norma entre rápidamente en vigor, sino que se introduzca en el código penal el concepto de feminicidio, creado por el movimiento feminista para desmitificar los crímenes pasionales y calificarlos como un problema político y de derechos humanos. "¿Qué es eso de matar por amor?", interrogan, indignadas.

Con letra de tango

En 1948 se grabó en Buenos Aires el tango Cargamento, con música de Arturo Galucci y texto de Raúl Hormaza: Es por culpa de tu lengua / que muchas veces te fajo (golpeo) / Sabés que si no trabajo / es porque sufro del reuma. Tal vez Graciela Aguirre nunca escuchó la canción, pero las escenas que describe no le han sido ajenas. Había denunciado a su novio, Ricardo Ávila, varias veces. Hasta que una noche de junio del 2007 ella le cortó la garganta con un cuchillo. Un fiscal de instrucción la acusó de homicidio simple. Estuvo dos años en la cárcel. La justicia la absolvió el pasado mes de febrero al entender que lo suyo fue en defensa propia y de sus hijos.

La primera vez que le tomaron declaración, lo hizo ante la policía, con los senos al aire, ensangrentada y descalza. Antes de que se desencadenara la tragedia, Graciela Aguirre venía reclamando a gritos y sin éxito a las autoridades locales que encarcelaran a su pareja. "No tendría que haber pasado por esto", cree.

Y nadie tendría que atravesar ese calvario, piensa Túñez, alarmada por la ineptitud de los tribunales para evitar las situaciones atroces. Lo que más la asustan son, sin embargo, sus fallos. "De todos los casos en los que intervino la justicia en el 2008, solo un 15% han recibido sentencias, y estas fueron vergonzantes: siempre tienden a justificar al agresor", señala.