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Zaragoza, mirada ´hacia adentro´

JOSÉ LUIS TrasobaresJOSÉ LUIS Trasobares
27/12/2009

 

Los zaragozanos que se fueron a ponerle algún color a la cumbre del clima hablan y no paran de Copenhague: la ciudad de más alto nivel de vida de Europa, un frío que pela, uso común y habitual de la bicicleta y del transporte público, precios por las nubes, hábitos urbanos de alta sostenibilidad (control de emisiones, reciclaje de basura, atención especial a los recursos naturales), tenue iluminación nocturna para reducir el gasto de energía... Dinamarca tiene actualmente un gobierno de derechas pero su política medioambiental sigue siendo de las más avanzadas. Lo que allí es norma y ley aquí pertenece a los programas máximos de los ecologistas radicales. Copenhague es una capital casi perfecta. En cuanto el cambio climático atempere sus inviernos, caliente sus veranos y llene de sol sus atardeceres, aquello será la mundial.

¿Cómo es posible que la ciudad danesa resulte tan fascinante y tan distinta de esta Zaragoza que celebró una Expo Internacional dedicada a la sostenibilidad y que hoy sigue siendo una urbe esencialmente insostenible? Supongo que habrá dos motivos para ello: la mentalidad (o la educación, si prefieren) y el dinero. El problema de nuestra amada Cesaraugusta es que no ha consolidado el carácter europeo y moderno que amagó entre 1909 y 1936, y que, por otra parte, durante decenios la especulación del suelo y la construcción de viviendas y equipamientos han sido El Negocio por antonomasia. La Expo podía haber sido el primer capítulo de una nueva historia, una historia distinta; pero...

En Zaragoza hay cuarenta mil pisos vacíos y barrios perfectamente integrados en la trama urbana consolidada que se están convirtiendo en áreas cuasimarginales. Es necesaria una nueva estrategia destinada a recuperar la ciudad, ampliarla sólo lo imprescindible llenando huecos, disponer de pisos públicos donde realojar a los actuales habitantes de las manzanas más degradadas (muchas de las construidas en los barrios obreros durante los cincuenta y los sesenta) e iniciar una rehabilitación integral y global que incluya el derribo y reconstrucción de dichas manzanas. Hay que pensar Zaragoza mirándola hacia adentro porque seguir agregándole lejanos barrios-dormitorio no sólo es caro, insostenible e incómodo, sino que además constituye una estafa en toda regla a quienes, seducidos por el afán de tener vivienda propia, se van al lejano Sur a vivir sin equipamientos, esclavos del coche y debajo del pasillo aéreo.

¿Quieren el señor alcalde y sus rutilantes consejeros hacer otra Expo dedicada al paisaje? Vale: monten jardines e invernaderos repartidos por toda la ciudad. Reverdezcan rincones y solares. Doten a los edificios de elementos que mejoren sus condiciones bioclimáticas. Favorezcan el uso de las energías alternativas. Sean valientes y europeos. ¡Venga!