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La nieve en Aragón

Dos clásicos en Corea

El oscense Miguel Galindo y el donostiarra Jon Santacana corren sus cuartos Juegos Paralímpicos en Pyeongchang H Disputarán cinco pruebas alpinas y debutarán mañana en el descenso

 

Coordinación 8 La pareja durante un supergigante. - S. E.

Una pareja fantástica 8 Jon Santacana y Miguel Galindo disputan sus cuartos Juegos Paralímpicos. - S. E.

R. MARTí
09/03/2018

El donostiarra Jon Santacana y el oscense Miguel Galindo son una fantástica pareja que lleva 16 años esquiando juntos. Ambos tienen 37 años y ya han corrido cuatro Juegos Paralímpicos. Empezaron en Turín en el 2002. Después corrieron en Vancouver y hace cuatro años en Sochi. En Corea cerrarán su círculo. «Serán nuestros últimos Juegos para hacer algo», afirma Galindo. Debutan la madrugada de mañana con el descenso. Ambos son muy diferentes y eso les hace una pareja temible sobre la pista. «Somos diferentes, pero para hacer un trabajo de equipo congeniamos bastante bien», dice Santacana.

El vasco tiene en su mochila cuatro Juegos. Este deficiente visual debutó en Salt Lake City en el 2002. Logró un oro y dos bronces con Raúl Capdevila como guía. En Turín se rompió dos meses antes la tibia y el peroné y no consiguió ningún metal. Después se llevó un oro y dos platas en Vancouver y un oro y una plata en Sochi. Ahora Santacana y Galindo competirán en cinco modalidades. «Corremos descenso, eslalon, combinada, supergigante y finalizamos el sábado 17 de marzo con el gigante», explica Galindo.

El objetivo es claro. «Queremos estar en el podio en alguna de las competiciones. La cosa está complicada y en unos Juegos no es fácil», indica el guía oscense. Santacana llega con muchas ganas e ilusión. «Siendo realista podemos tener opciones en todas las modalidades y estarán reñidas todas las medallas. Este año nos hemos dado cuenta de que estar adelante en el circuito internacional está muy caro. Este invierno hemos ganado en Austria un supergigante de la Copa de Europa», explica Jon Santacana.

La pareja ya conoce las montañas coreanas. Han competido cuatro veces. «La primera vez que fuimos fue en el 2008 y el año pasado las finales de la Copa del Mundo fueron allí y terminamos segundos en el eslalon. Allí tienen mucho frío, aunque no hay grandes temporales como en Europa. Trabajan mucho con nieve artificial, son montañas no excesivamente altas de un máximo de 1.600 metros y la base de la estación está 700 metros. Las pistas están diseñadas como por ordenador», explica Galindo. Para Santacana, no son unas pistas «que me vayan especialmente. Son muy bonitas, pero muy anchas y con pocas referencias orográficas. Es todo muy igual. Para mi visión no da muchas referencias y habrá que estar más concentrados en los trazados», explica.

La pareja llega en un gran estado de forma. «Con 37 años estamos en un momento maduro de nuestra trayectoria, en el límite de edad. La gente joven tira muy fuerte y cada vez cuesta más entrenar», dice. Ser dos polos puestos les beneficia en la competición. «Jon es muy profesional, tiene mucha calidad, es muy constante y con mentalidad ganadora. Compite mejor que entrena y es muy visceral». Sin embargo, Galindo se define como «más calmado. Aporto tranquilidad en momentos de tensión. Eso le transmito a Jon», explica Galindo. El vasco reconoce que «soy más impulsivo y a veces tiro del carro. Estamos sometidos a bastante presión, en poco tiempo te juegas años de trabajo y es importante mantener la calma. Sabemos nuestras posibilidades. Tener los medios detrás de nosotros no es un problema y nos centramos en nuestro trabajo», afirma el esquiador vasco.

Los inicios

Santacana empezó a esquiar con 8 años. «Durante mucho tiempo lo hice de manera recreativa con mis padres y con 19 entré en el equipo nacional». Santacana sufre una maculopatía, una enfermedad que tiene muy afectada la parte central de la visión. «Tengo un 5% de agudez visual y un 10% de campo visual. Por donde veo más es por las partes periféricas. Me lo diagnosticaron con 8 años y es una enfermedad degenerativa», indica Santacana

Las cinco modalidades en las que van a competir son complicadas de coordinar. «El eslalon es muy técnico, no da tiempo para nada y hay que ser super preciso. En el descenso hay puntas de 120 kilómetros por hora y coordinar la distancia entre los dos es importante». Ambos van conectados con micrófono y unos auriculares en el casco. «Miro cada dos por tres para atrás controlando la distancia. Las palabras que le digo a Jon son monosílabos como fácil, cierra, abre, largo..., cosas que ya sabe qué significan», concluye Galindo.

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