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La entrevista de la semana

«El Zaragoza fue la puntilla final para no entrenar más»

 

Javier Irureta posa junto a las oficinas del Real Zaragoza cuando fichó por el club aragonés. - ÁNGEL DE CASTRO

SANTIAGO VALERO
16/04/2018

–Dirigió 613 partidos en Primera, pero solo estuvo 6 en el Zaragoza. Menudo contraste, ¿no?

—Sí, fue mi etapa más efímera y la última como entrenador. Me afectó bastante además todo lo vivido y no tuve más ilusión de seguir. Fue efímera porque ya venía el Zaragoza en una situación difícil. Habían pasado ya dos entrenadores, Víctor Fernández y Ander Garitano, que lo dejó. Las cosas fueron como fueron, salió un año muy complejo para el Zaragoza. Fue una pena, pero es una circunstancia más en el fútbol. En una trayectoria tan larga como la mía pasan estas cosas, puedes estar siete años en un equipo y solo seis partidos en otro.

—¿Con qué sensación se fue tras solo estar un mes y medio?

—Con una sensación agria por no cumplir con mi trabajo. Me habría gustado al menos llegar a acabar la temporada, aunque al final el equipó bajó a Segunda.

—El Zaragoza recurre a usted tras irse Garitano. ¿Quién le convenció para venir?

—Yo con quien hablé fue con Agapito Iglesias, fue el que vino a Getxo a reunirse conmigo. Estaban otras personas, como Miguel Pardeza y mi agente. Comimos, me animaron, me pusieron todo bonito y acepté... Te ven como el adecuado y te dicen que los anteriores no lo fueron. Te presentan la situación que vive el equipo de forma buena, pero luego cuando desembarcas en el vestuario la cosa es diferente. Yo, en mi carrera, solo dos veces he entrado a mitad de temporada: en la Real Sociedad, con otra situación y el equipo fue para arriba, y en el Zaragoza, donde salió mal.

—¿Fue muy diferente lo que vivió a lo que le presentaron?

—Probablemente, sí. No digo que fuera una cosa totalmente distinta, pero sí algo diferente. Cuando un equipo no funciona, un entrenador puede cambiar cosas, pero por ejemplo la plantilla ya no se podía tocar. De hecho, solo se marchó D’Alessandro, que se fue a Argentina. Me presionaron para que se fuera, que si estaba demasiado caliente, que si tenía celos de algún compañero y estaba incómodo...

—Ese compañero era Aimar.

—No lo sé. Si un jugador no está a gusto en un equipo es mejor que se vaya. Yo no había vivido las circunstancias que me contaban de un entrenamiento con la pelea con un compañero. Eso sí, no pude traer a alguien que quizá para mi idea de juego me habría venido bien. Estuve un poco atado de pies y manos. Y te exigen enseguida resultados y salir de abajo.

—En esa plantilla estaban Oliveira, Diego, Matuzalem, Aimar... Había un nivelazo.

—Sí que lo había, Y Sergio García, Ayala, César, Sergio Fernández, Celades, Gabi... Había mucho nivel, pero después hay que acoplarlo. Los nombres quedan muy bien en el periódico, pero hay que traducirlos en un equipo.

—¿Era un vestuario difícil?

—Yo no tuve problemas, aunque pudo haber circunstancias que se me escaparon en tan poco tiempo. No digo que no hubiera diferencias entre los jugadores en ese grupo, pero lo que es seguro es que los resultados no se dieron. Era una cuestión de ganar, de sacar la cabeza. Nos empataron en Santander al final, ganamos al Athletic, parecía que íbamos a más, pero llegaron las derrotas.

—Cuatro partidos seguidos perdiendo y su adiós.

—Creo que nunca me había pasado como entrenador tener cuatro derrotas seguidas. Me fui porque era evidente que el equipo era más complejo de lo que pude pensar cuando lo cogí. Nos faltó suerte también.

—¿Se fue o le echaron?

—Vamos a ver... Si a mí no me quieren en un sitio yo no me quedo en ningún lado. Dieron el paso ellos. En el Logroñés me echaron antes de un partido. Los periodistas lo saben a veces antes que un entrenador. Nuestra vida es jodida. Hay muchas circunstancias que la rodean. Por decirlo de alguna manera, en el Zaragoza se me dijo que no veían mi continuidad como una solución y yo les dije que ningún problema. Es que si alguien no quiere que esté en su casa, no estoy ni un minuto más. Pensaron en Manolo Villanova, pues perfecto. Nunca exigí muchas más explicaciones. Yo cojo el coche y para casa. Fue una salida pactada, pero incitada por el club.

—¿Se veía anímicamente con fuerza para sacar la situación?

—Han pasado ya diez años y ahora es difícil saber cómo me sentía en ese momento, pero sí, creo que sí me veía fuerte. Siempre cuando he estado en un club me he visto con ganas de superar los problemas y lo que hubiera que afrontar.

—Llegó al Zaragoza y se dijo que a su segundo entrenador, Gorka Etxeberria, ni lo conocía. ¿Es cierto?

—No es cierto. A Gorka no le conocí en Zaragoza. Es de Donosti y nos habíamos visto y conocido mucho antes. Otra cosa es que no había trabajado con él, eso sí que es cierto, pero que alguien diga que lo conocí allí es una mentira.

—También llama la atención que un entrenador y su segundo coincidan trabajando por primera vez en un equipo.

—Bueno, depende. Yo fui al Deportivo y me quedé el preparador físico que había tenido el anterior técnico. Ahora es verdad que va un entrenador a un club como Pep Guardiola al Manchester City y se lleva a seis o siete ayudantes, porque estamos hablando de mucho dinero y de equipos poderosos. Antiguamente no era tan así y se trabajaba con gente de la misma casa para no correr con mas gastos para el club. A veces te ponían el segundo técnico o el preparador físico.

—Cuando se va a principios de marzo, ¿pensaba que el Zaragoza bajaba a Segunda?

—No. Por los nombres de jugadores creí que le iba a dar para la permanencia, pero algo había para que esa temporada fuera maldita, que todo lo que se hacía salía mal. Se creó un equipo que aparentemente iba a luchar para estar de la mitad para arriba, eso como mínimo, pero el bloque no encajó, ese nivel colectivo que es vital no se dio. Estuvimos 4 entrenadores y ninguno fue capaz de enderezar el rumbo.

—¿Qué recuerdos guarda de Agapito Iglesias?

—Lo traté poco. Me pareció un tipo abierto, dicharachero, pero no tuve mucha relacion con él.

—Después llevó al Zaragoza a una de sus etapas más negras.

—Pero yo ahí no entro ya. No lo seguí mucho después, pero me dio pena que el Zaragoza con su tradición y su historia acabara en Segunda. Ese club tiene una gran afición, una historia magnífica y está pasando situaciones complejas. Ojalá vuelva cuanto antes a Primera, si puede ser esta misma temporada. Ese es mi deseo.

—Dirigió en nueve clubs distintos en Primera, al que más al Deportivo, quizá su equipo fetiche. ¿Qué sería el Zaragoza?

—El garbanzo negro de mi carrera deportiva. Por lo que fuera, probablemente por culpa en gran medida mía. Me encontré una situación difícil y no supe cambiarla. Que había un vestuario con mucho nivel, es probable, pero yo he tenido en mi carrera otros grupos con muy buenos jugadores y los he sabido manejar, que congeniaran y hacer un bloque para vencer. He ganado Liga, Copa, dos Supercopas, he logrado dos segundos puestos, al Oviedo, a la Real y al Celta los metí arriba y en Europa...

—¿Su hándicap en el Zaragoza no fue pues un problema de carácter para manejar al grupo?

—No, no creo que lo fuera. Era de resultados. Es posible que en mi carrera haya habido momentos en que fui demasiado cercano con los jugadores y confié en ellos. Y a veces me han decepcionado. Igual esa cercanía influyó en que en algún sitio, como en Zaragoza, no triunfara o no hiciera un buen trabajo.

—¿Cómo cree que era su estilo con el jugador?

—Era del estilo de Del Bosque. No era un tío de castigos y broncas en público, de echarle del entrenamiento a un jugador, de multas y todo eso. No me ha gustado nunca ser así. He sido más de hacer ver las cosas al futbolista, hablar con él, llamarle a mi caseta y dialogar, decir las cosas con tranquilidad. Hay gente que tiene otro método, pero es que cada técnico tiene sus circunstancias, su forma de ser y el equipo que lleva en ese momento.

—Con Djalminha sí tuvo un roce, aquel cabezazo.

—Es que no lo tuve. Era un partidito de entrenamiento, estaba pitando mi segundo, Paco Melo, señaló un penalti y el jugador entendió que no lo era. Se enfadó y le quitaba el pito y el balón a Melo. Me acerqué allí, me hizo un amago de cabezazo, pero no me tocó. Djalminha no jugaba tanto como quería, andaba con la competencia de Valerón, llegaba el Mundial... Pero no le hice nada, lo que pasa es que eso quedó muy periodístico, muy sensacionalista, pero no fue nada de nada.

—¿Cuál fue el mejor jugador que dirigió?

—Hay bastantes. Mauro Silva era un medio muy sobrio, Fran, un gran jugador y Djalminha, muy bueno técnicamente, aunque con sus cosas de carácter. Y Valerón, claro. También Mazinho, en el Celta. Es que he tenido a mis órdenes a seis o siete campeones del mundo.

—No menciona a ninguno de aquel Zaragoza que entrenó.

—Es que, con todos los respetos, los jugadores que he mencionado han ganado muchas cosas. También en aquel Zaragoza había buenos futbolistas. De hecho, un jugador que no conquistó muchos títulos y lo tuve y me encantaba era Karpin. Lo tuve en la Real Sociedad y luego fue al Valencia y por lo que fuese no funcionó. Después, vino conmigo al Celta. Me parecía muy completo. No dijo que fuera el mejor, pero sí daba mucho al equipo.

—Tras su adiós al Zaragoza ya no entrenó más. Fue director deportivo del Athletic y ocasional seleccionador de Euskadi.

—Estuve dos años en el Athletic, hasta que salió otra junta directiva y no continué en el puesto. Veía a mis nietos, la vida de estar fuera de casa era dura y pensé que para qué, ¿para tener un poco más de dinero? Ya tenía el suficiente. La del Zaragoza fue la puntilla final que me llevó a plantearme de otra manera las cosas para no entrenar más.

—Acaba de cumplir 70 años. ¿Ya está desligado del fútbol?

—Sí, ahora lo veo como un aficionado más. Me invitan algunos medios, entro por las radios... Disfruto del fútbol de otra manera, y casi diría que me gusta más que antes. Prefiero estar en casa con mi mujer y la familia. De hecho, estoy con los nietos más de lo que estuve con mis hijos. Yo me iba solo a la ciudad donde estaba el equipo y veía a mi mujer uno o dos días a la semana.

—¿Ve más fútbol que antes?

—Sí. Antes veía mucho de mi equipo, del que dirigía, pero menos de otros. Ahora es distinto.

—Con tantos equipos que ha tenido como jugador y técnico, ¿cuál es el de su corazón?

—Soy de todos, pero el de mi corazón es el Real Unión de Irún. Estoy agradecido a todos, a algunos más que a otros claro.

—¿Está contento de su carrera?

—Pues tampoco del todo, porque ves todos estos bestias que hay, como Messi o Ronaldo, o entrenadores que han logrado tanto que... De todas formas, sin entrar en comparaciones con nadie, sí estoy contento de lo que he vivido en el fútbol.

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2 Comentarios
02

Por Sarolo 10:27 - 16.04.2018

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Por rifirrafe de Arrua y Jordao nos fuimos al segunda. Por rifirrafe de Aimar y Dalesandro también nos pasó lo mismo. No aprendimos nada del primer caso y no lo cortamos en el segundo. Claro ,que para atajar la segunda ocasión, debería haber habido gente en la directiva con memoria histórica. Una pena.

01

Por Artimaño 8:25 - 16.04.2018

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Glups Irureta!! Lagarto, lagarto...