—¿Qué otros puntos de inflexión hubo?

—Empezó todo raro con la eliminación ante el Aris de Salónica. Empezó la temporada fea y mal, la gente se puso muy en contra y fue difícil.

—¿Qué pasó dentro del vestuario? Es difícil comprender que un equipo con esos nombres rindiera así.

—Había diferentes grupos o camadas, unos no tragaban a otros y los otros a los unos.

—Con el descenso se terminó su etapa en el Real Zaragoza.

—Curiosamente, en mitad de la temporada del descenso renové por cuatro años. Después llegó la oferta del Olympiacos, me la pensé pero acepté porque tampoco estaba muy a gusto ya en Zaragoza.

—¿Qué tal en Grecia?

—Empecé mal porque me lesioné. Me llevó Ernesto Valverde y me costó entrar. En verano nos eliminó el Anorthosis de la previa de la Champions pero luego fui jugando, me encontré a gusto, ganamos la Liga y, sobre todo, me acuerdo de la final de Copa. Quedamos 4-4 al final de la prórroga. Además fue un escándalo de resultado en los penaltis porque terminamos 15-14 y yo tuvo que tirar dos penaltis incluso. El portero del AEK era Saja y a Galletti le expulsaron tras marcar el cuarto gol por quitarse la camiseta sin saber que llevaba una amarilla.

—Tras dos años decidió volver a Valladolid.

—Quería volver a subir a Primera al Valladolid y en mi primera temporada no pudo ser aunque hice varios goles. Nos eliminó el Elche en la promoción de ascenso, pero al año siguiente logramos subir ante el Alcorcón.

—Vuelven a Primera División, su primer partido fue en La Romareda y ganan con gol suyo cuya celebración no sentó bien.

—Fue para un grupo de aficionados que les tenía mucha manía. Nunca les caí bien y, aunque son cuatro, no deberían estar en los campos de fútbol.

—Aunque el gesto fuera dirigido a unos pocos, La Romareda se lo tomó mal y más de una vez le pitó.

—Es lógico porque da la sensación de que estás celebrando un gol ante tu exequipo, pero aclaré en una entrevista que no era para todo el mundo. Casualmente, muchas de las veces que he jugado contra el Real Zaragoza he marcado, pero no tengo rencor. Me da mucha pena que no estén más arriba.

—¿Pudo fichar por el Athletic de Bilbao?

—Fue un lío muy grande porque fui recomendado por Iñaki Sáez por haber estado con él en la sub-18. Mi madre es vasca pero llegué con un cambio en la presidencia y no querían líos en plan que si no eran vascos vascos, no podrían jugar. Fueron varias veces, la primera antes de ir al Zaragoza y otra vez en el tercer o cuarto año de estar allí.

—¿Con quién se llevaba mejor?

—Con Cani me llevaba muy bien, con Zapater, con los argentinos… Como anécdota, recuerdo que Cani puso un petardo en el jacuzzi del vestuario y saltaron todas las rejillas. También con D’Alessandro, Diego Millito o Ayala. Este último me parece muy buena persona, muy buen compañero y aprendí muchísimo de él por su categoría de futbolista. También con Celades o Aranzábal hacíamos cenas y nos llevábamos muy bien.

—¿Cómo ve al Real Zaragoza?

—Le veo mal, ya no solo a nivel deportivo, que se puede estar mejor o peor, sino que vive sumido en una crisis de identidad desde Agapito. Hay gente que entra, que sale, es demasiado movido todo. Necesita estabilizarse, empezar de cero con gente de la cantera y hacer un proyecto bueno. No tiene todavía los suficientes jugadores para jugar en Primera.

—¿Cómo era Agapito Iglesias?

—Era un tío extraño. En la época buena estuvo todo increíble pero luego con el descenso… Hay cosas que no se pueden contar pero que no le dejan en buen lugar.

—¿Usted se pensaba que el Real Zaragoza iba a llegar hasta la situación actual?

—No te lo esperas de muchos clubs. Por ejemplo pienso en el Mallorca, que a nosotros nos descendió peleando por Europa y ahora puede bajar a Segunda B, ¡a Segunda B! Un Mallorca que jugó la Champions. Nunca piensas que puede pasar, pero pasa.