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Los deportes de aventura

Una visita al paraíso

Óscar Pérez dio la sorpresa ganando en los Alpes el prestigioso Tor des Geants El corredor catalán de Peña Guara, de 39 años, vive con su pareja en el bello pueblo de Yosa

 

Pérez corre en solitario durante el pasado Tor des Geants. - Foto: TOUR DES GEANTS

R. MARTÍ
16/11/2012

Hace tres años Óscar Pérez decidió dar un salto en su vida. Barcelonés de pura cepa, estaba cansado de la gran ciudad y decidió irse con Montse, su esposa, a vivir a la montaña. "Apostar por este tipo de vida no es casual. Nos gusta mucho la montaña y estábamos un poco cansados cansados de la vida artificial de la ciudad", explica Óscar Pérez. El verano pasado dio la gran sorpresa al ganar en los Alpes italianos el Tor des Geants, una de las carreras de montaña más prestigiosas del mundo. De repente, ese triunfo le dio la notoriedad que nunca quería. "No pensaba que tuviera tanta relevancia. Mi triunfo salió en el telediario del mediodía en TVE", afirma en frío.

En la Ciudad Condal trabajaba de técnico de quirófanos. Hace tres años se fue a Sabiñánigo y trabajó como electricista municipal. Después se trasladó a Escarrilla. Entonces ya trabajaba en la estación de Formigal. Hace seis meses que Óscar y Montse viven en el paraíso. Están en un piso alquilado en un pueblecito de 25 habitantes, Yosa de Sobremonte. La pareja vive junto a Glas, un perro juguetón. "Mi mujer es comercial de cobre y tiene el despacho en casa". Su pareja no ha perdido el acento catalán. Pero Pérez pasaría por un aragonés del Valle de Tena. "Todo el trato lo tengo con gente del valle".

 

El acceso

A Yosa se sube desde Biescas por una carretera de siete kilómetros repleta de curvas. El pueblo está a 1.200 metros, en el barranco de Arás, recordado por el desastre del camping de Biescas en agosto del año 96. "Por aquí hay senderos marcados para andar y para practicar BTT. Puedo subir hasta el Burrambalo, la montaña más alta del valle con sus 2.148 metros".

Este corredor de 39 años con pinta de buenazo que milita en Peña Guara no se ha arrepentido de elegir Yosa para vivir. "Aquí lo que limita es el acceso. Vivimos desde Semana Santa y me imagino que tendremos dos semanas de nieve en el invierno. Es muy tranquilo, que es lo más difícil de encontrar. El bullicio siempre lo tienes asegurado", dice.

Ni Yosa, ni Aso, ni Betés, los tres pueblos cercanos, tienen bar. Yosa sí que tiene una casa rural y una bonita iglesia recién restaurada. "No soy hombre de bares. Soy mas de mapas, libros y rutas", explica. La pareja apenas se tiene que desplazar para suministrarse. "El pescado lo compramos los viernes en Sabiñánigo. La carne es muy buena y es de Biescas. Tengo un huerto del que saco los tomates, las verduras y las patatas. Los huevos son de un abuelo del pueblo y la leche de cabra me la traen recién ordeñada".

Pérez madruga para trabajar en Formigal. "En verano tengo más trabajo que en invierno. Me dedico al mantenimiento". Desde que conoció a Montse hace diez años, Pérez se aproximó mucho más al mundo de la naturaleza y la montaña. A ambos les encanta viajar. "Nuestro primer viaje fue a Nueva Zelanda". Pérez comenzó a correr por el monte hace seis años. "Iba a mi marcheta y sin competir. Ahora me lo tomo más en serio, aunque soy autodidacta. Funciono por el ensayo y el error". Se conoce todo el Pirineo al dedillo. "Para correr busco picos o valles que no conozco. Con un mapa, GPS y brújula te orientas bien", dice.

Nadie conocía a Pérez y con su triunfo en el Tor des Geants, el catalán de Peña Guara dio la gran sorpresa. Esta carrera que se celebra en el Valle de Aosta, es de una extrema dureza. Tiene 330 kilómetros de longitud y 24.000 de desnivel positivo. "La terminé en 76 horas. Aquí se da el pistoletazo de salida y cada uno se lo organiza como quiere. Por muy rápido que vayas, tienes que afrontar tres noches sin dormir". El último corrió siete días.

Pérez no descansó en los tres días. "No conseguí dormir en los tres días por la adrenalina que acumulé. Pero hice cuatro paradas. En mi mochila llevaba unos calcetines, dos frontales, una manta, comida, bebida, plátanos y poco más", dice Pérez.

En 72 horas corriendo solo por el monte, por collados de hasta 3.000 metros, el aspecto psicológico es tan importante como la resistencia. "Sufrí una caída en el kilómetro 50, tenía calambres en la pierna derecha y pensé en abandonar. Llegué a estar a tres horas de la cabeza. Pero me recuperé", concluye.

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