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Coreografía del naufragio

En la puesta en escena del hundimiento final socialista abundó la aflicción y faltó coro

NÚRIA Navarro 21/11/2011

La película que echaban ayer en Ferraz tuvo un relato similar al de Titanic. Todo el mundo sabía el final. El buque socialista se iba a pique tras navegar por las negras aguas de la debacle financiera, chocar contra un témpano de cinco millones de parados y ver que el boquete abierto por la apabullante prima de riesgo no se podía tapar ni con cinco mítines diarios, ni desempolvando a Felipe.

De lo que se trataba era de asistir en la fila 7 a la coreografía del naufragio. Observar la reacción del capitán y sus oficiales, sentir el palpitar en las bodegas, esperar a que una barcaza de indecisos o el salvavidas del voto útil aumentaran el número de supervivientes.

Hora y media antes del cierre de los colegios, Rubalcaba estaba ya en el puente. "Sabe que pase lo que pase, nadie le podrá decir que no se ha dejado la vida en la campaña, y eso le da tranquilidad", avanzaron los suyos.

Los colaboradores llegaban con cuentagotas, algunos de ellos llamados para hacer bulto. "Venimos a llorar", anunció una compañera de facultad del candidato, jurando que en los próximos cuatro años se abstendría de ver el telediario de Rajoy. "En otras convocatorias esto estaba a reventar. ¡Hay que estar en las duras y en las maduras! ¿Dónde están todos los que antes agitaban las banderitas ahí afuera?", se indignaba una adicta a las noches electorales desde 1976. "Ni siquiera han cortado la calle, lo nunca visto", penaba otro.

De hecho, no hacía falta. Fuera, solo había un simpatizante que ondeaba el estandarte rojo: un trabajador municipal de Alcorcón llamado Carlos, que acabó encañonado, por su rareza, por todo tipo de micrófonos. "Es la primera vez que vengo, por apoyar en la decepción, pero me siento solo", repetía.

A medida que avanzaba el escrutinio, el fatum anunciado por la demoscopia se fue cumpliendo. Al final, fueron 110 los escaños supervivientes, 15 menos que en las generales del 2000. Ante los peores resultados de la historia, Zapatero no bajó del cuarto piso para ofrecer catarsis alguna. Y Rubalcaba sepultó sus emociones en una comparecencia sobria y "previsible", a juicio del filósofo José Antonio Marina, que se pasó por allí para contrarrestar "la injusta soledad" del vencido.

Cuando todos se marchaban de Ferraz, el filósofo añadió: "La gran inteligencia es saber aprovechar los errores. El anuncio del Congreso ordinario en breve es un paso".

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1 Comentario
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Por Tertuliano: 09:03. 21.11.2011

Al final tendrán que reconocer la pésima política que han llevado, de espaldas a la ciudadanía y a los propios militantes de base de su partido. Ayer, los que animaban a Rubalcaba parecían las juventudes del Papa; voluntarismo y poco rigor científico. Patético, como los eslóganes publicitarios de la campaña, que retrataban a la perfección la mentalidad absurda de los que la han dirigido.