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Mirador

El PSOE necesita un golpe de mano interno

CARLOS Elordi, periodista 22/11/2011

Un dato empaña un tanto la formidable victoria de Mariano Rajoy: el PP, aun arrasando en escaños, solo ha logrado 552.683 votos más que en el 2008 (menos los 40.054 que le ha aportado el Par aragonés). Esas cifras confirman que, más que un éxito aplastante de la derecha, lo que se ha producido en esta ocasión es el hundimiento de los socialistas, que han perdido 4.315.455 votos (de los que solo una pequeña parte, seguramente no más del 10 %, ha ido a parar al PP).

Y también indican que el PP, incluso contando con un poder institucional sin precedentes, sigue siendo una isla en el panorama electoral español: todo el resto del espectro le es ajeno o está potencialmente en su contra. La derecha no ha logrado extenderse más allá de su amplio feudo. Por eso el mensaje de Rajoy --"que nadie se sienta excluido"--, más que una muestra de generosidad, podría ser la expresión de un temor: el de que la España que no vota al PP se le ponga en contra cuando adopte las medidas que la crisis exige.

La tentación de hacer la vida imposible al nuevo Gobierno, ocultando así parte del drama propio, puede ser grande en el PSOE. No se puede anticipar lo que dirá el congreso socialista al respecto.

Pero sí señalar que una postura de oposición a cara de perro, aparte de que podría poner en peligro los intereses generales, podría agravar más los problemas del PSOE.

Porque no es un partido habituado a hacer esa política y porque, si se lanzara por ese camino, IU y también los sindicatos lo podrían arrumbar a la condición de compañero de viaje.

Si quieren resucitar en el futuro, los socialistas no pueden abandonar la moderación política que les ha caracterizado desde su refundación en 1974. Deberían tomar las citadas limitaciones electorales del PP como una referencia.

Porque estas indican que el territorio para un potencial crecimiento del voto socialista sigue ahí: entre la derecha, IU y otras fuerzas, solo se han hecho con menos de un tercio del mismo. El resto ha sido abstención.

Lo malo es que, para iniciar la reconquista, el PSOE necesita un partido nuevo. La mayor parte del que tiene ahora no sirve. No se trata tanto de renovar las ideas, que también, sino a las personas y de acabar con la actitud colectiva de un partido que desde hace demasiado tiempo solo piensa en términos de un poder de cortas miras.

¿Pueden hacer eso los actuales dirigentes? No parece. El que más o el que menos tratará, sobre todo, de arreglar lo suyo. Pero con componendas, el PSOE no va a salir de esta.

Lo que le hace falta es que alguien dé un golpe de mano, como el que realizaron Felipe González y Alfonso Guerra a principios de los 70. Y a ese alguien ni se le intuye.

 

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