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El Periódico de Aragón | Miércoles, 23 de mayo de 2012 - Edición impresa
NEREA Vadillo, Periodista y profesora de Universidad 21/11/2011
La hora de la verdad ha llegado y la profecía se ha cumplido. No sabemos a ciencia cierta si la que en su día pronosticó Nostradamus (que habló del 2011 como del año en el que estallaría una gran guerra, Francia e Italia serían el flanco de ataques terroristas y España sería destruida), pero sí aquella que ya adelantaron hace unas semanas la práctica totalidad de las encuestas electorales. España se ha teñido de azul, y eso es algo indiscutible. Los 186 escaños con los que el PP ha conseguido la mayoría absoluta, los mejores resultados obtenidos en la historia de ese partido, muy por encima de los alcanzados en el 2000 con José María Aznar, marcan un antes y un después de la historia de este país. Un punto de inflexión para los socialistas, a los que si parece haberles llegado su particular debacle, con cifras inferiores a las cosechadas en 1977. La grave crisis económica y la mala gestión realizada por el Gobierno socialista, la era Zapatero llega a su fin con más de cinco millones de parados, ha condenado al Partido Socialista al foso de los leones, con tan solo 111 escaños. El hundimiento del PSOE, que ha caído 13 puntos en apoyo electoral (del 43% ha pasado a menos del 30%), ha posibilitado la victoria popular, la segunda gran mayoría absoluta de la historia de la democracia española después de la cosechada por Felipe González en 1982, un escenario que sitúa al Partido Popular en una situación de privilegio absoluto que le va a permitir gobernar con libertad plena y sin necesidad de alianzas. De nada ha servido la estrategia socialista de reclamar el voto útil de izquierda para el PSOE o la de advertir de los posibles peligros de un hipotético regreso del PP al poder (adiós al poder adquisitivo de las pensiones, a las prestaciones por desempleo o a otros derechos civiles). El mensaje no caló lo suficientemente hondo, pues los temores se han materializado. En estos comicios, la participación ha sido menor que en las elecciones de 2008. Se han perdido más de 4,5 millones de votos. La abstención ha pasado de un 26,5% a un 29,14%, y el voto nulo y el voto blanco, los tradicionales votos protesta, que siempre perjudican a la izquierda y a los partidos minoritarios, también han subido.
Los resultados son los que son, y en los próximos tiempos que nos llegan, España será casi monopartidista, inclusive en los tradicionales feudos socialistas como los andaluces, donde el PP ha arrasado. La derrota socialista ha servido para que IU ocupe mejores posiciones que hasta ahora. Con el 7% de los votos, pasa de 2 a 11 escaños, y aunque su influencia en el Congreso sea poca, quintuplica el número de diputados, y le gana la batalla a UPyD, que en las municipales y autonómicas de mayo, le disputó la tercera posición, y que en esta ocasión se ha quedado con ganas de más, subiendo de uno a cinco escaños, rozando el grupo parlamentario. En el resto, sorprende el triunfo de CIU en Cataluña con seis escaños más, y en el País Vasco, la irrupción de la izquierda abertzale, ausente del mapa político desde 1996, y que ahora podrá formar grupo propio con los siete diputados de Amaiur, convirtiéndose en la primera fuerza nacionalista en Euskadi. Otro gran cambio, la mayor representación de partidos en la Cámara Alta. En Aragón, sin demasiadas sorpresas. Los aragoneses dicen sí al PP, especialmente en Zaragoza, donde el PP ha arrasado en todos los barrios. Aunque con una participación un pelín más alta que la del resto de España, un 73,85% frente a un 71, 1%, y pese a que el porcentaje ha sido ligeramente inferior al de 2008, que se situó en el 75,98%, el PP ha logrado revalidar la hegemonía con la que ya se hizo en las pasadas autonómicas. Con ocho diputados, tres más que en el 2008, deja al PSOE con cuatro, mientras que la coalición CHA regresa después de cuatro años al Congreso gracias a su coalición con IU, con un diputado. Un gran triunfo de la Izquierda de Aragón, que pasa de un 7,79 % a casi un 11%, gracias al incremento de votos obtenidos en relación a los que lograron por separado en el 2008.
¿Y ahora qué? Ha llegado la hora de la verdad, el momento de concretar programas, y eso hay que hacerlo ya. Si no hay adelantos pactados, desde la segunda quincena de diciembre, a Rajoy y sus homónimos autonómicos (en Aragón, la presidenta Rudi y su equipo de gobierno), les va a tocar lidiar con los mercados que reclaman más recortes de gasto público, resolver el asunto de los sueldos de los más de tres millones de funcionarios, la subida de ocho millones y medio de pensiones; y reducir el déficit al 4,4% para cumplir con los requisitos de la Unión Europea, algo que les va a exigir conseguir un ahorro de al menos 16.000 millones de euros para el 2012. Habrá que empezar a dar salida a asuntos detenidos pendientes de resolución hasta el 20-N y enfrentarse seguramente a viejas reivindicaciones soberanistas provenientes de Cataluña y el País Vasco.
Profesora de la Universidad San Jorge
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