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Crítica de arte

12 metros de paisaje

POR CHUS TUDELILLA 05/02/2012

12 METROS DE LANDSCAPE

AUTOR Enrique Radigales

LUGAR Caja Madrid (pza. de Aragón)

FECHA Hasta el 18 de marzo de 2012

La transformación de la montaña en paisaje tuvo lugar en el siglo XVIII; hasta entonces la orofobia llegaba a tales extremos que, como relató la escritora Johanna Henriette, madre de Arthur Schopenhauer, las damas, al viajar por las cercanías de los Alpes, cerraban pudorosamente las cortinillas de las ventanas de sus carruajes para evitar la contemplación de cumbres tan desmesuradas. Aquella repulsión, recuerda Rafael Argullol, llamó especialmente la atención de Schopenhauer, testigo de la atracción que en sus contemporáneos suscitaban las montañas. De ser un estorbo o un monstruo altivo, la montaña se convirtió en lugar de conquistas científicas y deportivas; y en paisaje. Hubo excepciones, como la famosa ascensión de Petrarca al Mont Ventoux, el 26 de abril de 1886.

Llevado solo por el deseo de ver, como Petrarca anotó en el momento de iniciar su escalada, Enrique Radigales (Zaragoza, 1970) elige el perfil orográfico de una cordillera para presentar formalmente su obra 12 metros de landscape, 12 metros de papel Hahnemühle que acogen la impresión digital con tintas pigmentadas de múltiples imágenes extraídas de internet que respondieron a la llamada de nombres, adjetivos y prefijos adheridos a la categoría landscape, sobre las que Radigales colorea con pintura acrílica. Imposible orientarse en esta vertiginosa orografía alpina; no es lo que pretende Radigales que ya hemos dicho solo está motivado por el deseo de ver, para lo que es preciso forzar la mirada que permita reconocer en el paisaje la sedimentación temporal de las imágenes atrapadas del interminable flujo virtual, cuyo desplazamiento aleatorio queda registrado temporalmente en el vídeo que acoge la totalidad de la versión HTML de 12 metros de landscape. Todo es aventurado en la secuencia de imágenes extraídas de internet que aparecen en el vídeo: el orden en que se suceden y las manchas de color que las contaminan. Como es habitual en Radigales, interesado, ante todo, en la activación de la dinámica de tiempos que operan en las imágenes a través de los más diversos soportes y la confluencia de técnicas manuales, analógicas y digitales.

Enrique Radigales abre las cortinillas de la ventana de su ordenador para operar ante el tiempo de la imagen que, como sostiene Didi-Huberman, es un montaje de tiempos heterogéneos que forman anacronismos; y en ese operar se aventura a explorar los límites entre las experiencias físicas y digitales, la tensión genuinamente moderna que, anota Argullol, ya experimentó Petrarca durante la exaltación del ascenso y la incursión en las profundidades.

Junto al vídeo y una de sus versiones impresas en papel, el catálogo documenta el proceso de una acción que propone conciliar razón, realidad y deseo, ya enredados en estos 12 metros de paisaje.

Además de destacar el interés de la exposición y la madurez creadora de Radigales, cuya proyección internacional ya es una realidad, hemos de saludar la extraordinaria labor realizada por Caja Madrid, única entidad en Zaragoza atenta a la producción y exposición del trabajo realizado por artistas aragoneses actuales.

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