Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

Análisis: Guardianes entre el centeno

Sabino Méndez, compositor y miembro de la SGAE

03/11/2011

No ha sido algo fácil. Ha sido un proceso sinuoso, delicado y, desde luego, estimulante. Cuando la policía entró el 1 de julio en la sede de la SGAE y detuvo a una parte principal de su cúpula directiva, los autores nos quedamos perplejos. Unos cuantos socios ya venían dado la voz de alarma durante los últimos meses, pero el esquema organizativo de la Sociedad General había sido concebido de una manera tan personalista que se convertía en una especie de caja negra, difícil de investigar. El carisma personal del antiguo director había bastado hasta la fecha para convencer a una gran parte de ellos de que las inquietudes por posibles irregularidades provenían de una campaña externa contra el derecho de autor.

Una gestión histórica y seminal para fundamentar el moderno derecho de autor en nuestro país por parte de Teddy Bautista, en la primera parte de su carrera, hacía aún más difícil pensar que, a estas alturas, pudiera involucrarse en malas prácticas. Pero lo cierto es que todo ese discutible esquema organizativo era mucho más endeble de lo que parecía y a la que su principal cabeza pensante tuvo que pasar una decena de horas a disposición judicial, empezó a tambalearse. Los propios autores vimos clarísima a partir de ese momento la necesidad de hacernos dueños de nuestra propia Sociedad General. Los pasos han sido rapidísimos y contundentes: convocatoria inmediata de nuevas elecciones, redacción de nuevas normas electorales garantes de mayor limpieza e integración en esa redacción de gentes y profesionales que eran, hasta la fecha, muy críticos con SGAE.

Ayer se entregaron las conclusiones de esta comisión de gente variopinta, representativa de la profesión. Ello abre la posibilidad de celebrar en breve unas elecciones de las que surja un equipo de gobierno más representativo del perfil de la profesión. El veredicto de ese sector muestra una tendencia a desear que SGAE se centre en sus principales cometidos estatutarios: recaudar y repartir entre sus socios. Prescindir de la actividad que no comprenda estos fines y recuperar su propósito original orientado hacia la labor formativa, difusora y asistencial.

Los autores han dejado oír su voz y la Sociedad General no interrumpió su funcionamiento ni siquiera un día. Siguió con su labor y hará sonar otra vez esa voz con todavía con más fuerza en las nuevas elecciones de SGAE que, si la administración ayuda y autoriza las reformas en curso, se realizarán dentro del próximo trimestre. En cierto modo, vienen a decir que los tiempos de los líderes visionarios han pasado. Los autores y los profesionales lo que quieren son leyes más justas y representativas para todos. Y que los directivos sean simplemente los garantes y guardianes de esas leyes. Ni más, ni menos. Gente en la que se pueda confiar.

 

Envio de noticia

Rellene el siguiente formulario para enviar esta noticia a un amigo por e-mail: