+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

ENTREVISTA CON MARA TORRES

«Creo que los días felices siempre están por llegar»

 

La escritora y periodista Mara Torres, ayer, en el Gran Hotel de Zaragoza. - CHUS MARCHADOR

DANIEL MONSERRAT
11/11/2017

La segunda novela de Mara Torres, Los días felices (Planeta), describe la etapa más cambiente del ser humano, la que va de los 20 a los 40. Ayer la presentó en El Corte Inglés de Zaragoza.

–¿Por qué elige contar la historia cada cinco años?

–Le estaba dando la vuelta a cómo contar la historia de un personaje durante 20 años, las décadas de los 20 a los 40, y luego contar una historia de un amor platónico, esos eran los dos gérmenes de la novela. Se me ocurrió que si contara la historia del personaje a través de un solo día, podía tener muchas pistas de cómo era su vida y entonces cuento 24 horas de la vida de Miguel y Claudia, el encuentro de ellos dos dura un día y va intercalándose a través de un día cada cinco años.

–Un día que es muy especial...

–Elegí el día del cumpleaños para tener elementos literarios con los que jugar, siempre hay tarta de cumpleaños, gente que te desea que tengas un feliz día... Y me pareció que cinco años es tiempo suficiente para que los cambios sean notables y sobre todo en esas edades porque cambian los escenarios físicos y los emocionales.

–Hay gente a la que no le gustan los cumpleaños.

–Ese es el doble sentido del título. Todo el mundo te desea que tengas un feliz día, pase lo que te pase, pero no siempre se corresponde. Durante esas dos décadas se viven cosas muy intensas a muchos niveles y ocurren cosas definitivas con las que tienes que aprender a lidiar, uno se independiza, su primer trabajo, su primera relación estable, una pérdida de un ser querido… Y pase lo que pase todo el mundo te dice que tengas un feliz día.

–¿Se acuerda de sus 20 años?

–¡Es que yo tengo diarios! Escribo desde los 9 años. Me regalaron un perro y no solo necesité contarlo sino también escribirlo, abrí el diario de mi primera comunión y puse «Hoy me han regalado un perro». Eso ya me dio una pista de mi necesidad de escribir.

–En esos 20 años, los personajes evolucionan pero, paralelamente, también lo hace la tecnología y el libro lo refleja.

–Ha sido muy importante para mí que haya coherencia en el relato. Publico cinco días de estos personajes pero tengo escritos en borradores esos 20 años que pasan y los diarios me han servido también para tener presente la evolución tecnológica y no resbalar.

–La novela gira en torno a Miguel y sus andanzas pero utiliza la tercera persona, ¿por qué?

–He trabajado muchísimo la voz narrativa para conseguir que fuera un texto ágil, que entrara en el lector y le atrapara. Quería que fuera en tercera persona pero que el lector se implicara en la vida de Miguel, que acabara conociéndole, así que incorporo la voz del protagonista en la narración en tercera persona. Puede desconcertar al principio pero luego entra bien, se pasa del pasado al presente, de lo que piensa a diferencia de lo que hace... He disfrutado mucho y el resultado está muy cerca de lo que esperaba, que es que al final el lector parece que conoce a Miguel y siente por él.

–Y es indudable también la fuerza de los diálogos en la novela.

–Todo se cuenta a través de la perspectiva de Miguel y el narrador evoluciona con la protagonista, la forma de escribir con los 20 años es mucho más ingenua que con los 40, aunque luego, al final, tampoco hemos cambiado tanto. A escribir me enseñó leer pero la etapa de Hablar por hablar me hizo aprender a dar frescura a los diálogos.

–La conclusión de la novela, o una de ellas, es que todo evoluciona menos el amor platónico.

–Me interesaba el amor platónico pero no como inalcanzable, sino ese amor que se queda interrumpido en el tiempo porque no se hizo realidad, porque uno de los dos no se atrevió, porque estaba comprometido, porque no era el momento… Y al final esos amores acaban convertidos en una especie de isla en la que refugiarse con el paso de los años porque esos amores no sufren el desgaste del tiempo ni el de la realidad. Al final, uno se refugia en ellos y a veces pienso, ¿por qué no les llamamos si llevas tantos años pensando en alguien? Pues porque es mejor que se quede ahí, en su sitio, en el fondo de las ideas… aunque luego siempre guardas la esperanza de que te lo puedas encontrar.

–¿Los días felices ya pasaron?

–Yo creo que siempre están por llegar porque si no, no nos levantaríamos de la cama.