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POR DANIEL MONSERRAT 04/02/2012

EL NACIONAL

COMPAÑÍA Els Joglars

DIRECTOR Albert Boadella

FECHA Jueves, 2 de febrero

HORA 20.30 horas

AFORO Completo

Los actores que viven de la sopa boba, los grandes espectáculos sustentados por las subvenciones del gobierno de turno, los críticos, los asesores culturales, los secretarios de Estado, los gestores culturales, los sindicatos comunistas, los progres, los esnobs... No se salva ni uno. Todos viven su peculiar vía crucis en el escenario bajo el prisma de Albert Boadella que en El nacional (producción que ha recuperado para Els Joglars por su cincuenta aniversario), no salva a ninguno. Es la hora de dignificar la profesión viene a clamar Don José (interpretado por un brillante Ramón Fontserè), un viejo conserje del Teatro Real del que solo quedan ruinas a la espera de convertirse en una oficina del Deutsche Bank. Allí, José hace una curiosa selección de seis mendigos que serán los que van a recuperar el esplendor del Real de la mano de una interpretación del Rigoletto, "de Shakespeare".

Ahí, don José, un personaje quijotesco que repele todo lo que huela a Wagner y al realismo (así como a sindicalismo comunista), se esfuerza en convertir, dentro de su locura visionario, a los seis mendigos en miembros de una brillante compañía cuyo reparto encabezarán la soprano Manuela Castadiva (Begoña Alberdi) y el barítono Peñón (Enrique Sánchez-Ramos). Todo desde el prisma de la ironía y el humor que no deja títere con cabeza, desde el esperpento de algunas escenas, manejado con maestría y apoyado en una soberbia y espectacular escenografía (justo es decirlo, alejada de los excesos). Y lo hace para que todo camine en la misma dirección: la regeneración del teatro, la constatación, de la mano de los protagonistas en las tablas, de que la vida y el teatro son dos mentiras distintas de la que siempre sale ganadora la teatral.

Nada que objetar a la brillante recuperación de una obra como El nacional en el terreno escénico (el único pero es, quizá, su duración, algo excesiva), pero a uno le asalta la duda. ¿Es lícito calificar de lacayos del poder a compañías cien veces más pequeñas que Els Joglars por necesitar el impulso de una coproducción para poder sobrevivir? ¿Dónde ponemos el límite de lo que es la sopa boba y lo que no? Quizá haya que preguntarle a Albert Boadella, director de Teatros del Canal, propiedad de la Comunidad de Madrid, gobernada por Esperanza Aguirre.

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