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Exposición de la semana

El paisaje en la colección CAI

EVA GARCÍA egarcia@aragon.elperiodico.com 29/01/2012

EL PAISAJE EN LA COLECCIÓN CAI

AUTORES Varios.

LUGAR Sala CAI Luzán.

FECHA Hasta el 24 de febrero.

HORARIO De lunes a sábado, de 19.00 a 21.00 horas.

Cincuenta años son muchos, sobre todo en la evolución del arte. Hace ahora cinco décadas, la CAI inauguró su actividad artística y de cada exposición ha ido incorporando una obra a su patrimonio. El resultado de ese coleccionismo es la muestra El paisaje en la colección CAI, en la que se pueden ver obras --tanto de autores aragoneses como de fuera de la comunidad-- de esos 50 años que tienen como protagonista el paisaje.

El concepto paisaje es muy amplio; lo hay natural y urbano; lo hay realizado en diferentes técnicas, realista o figurativo o incluso abstracto; lo hay pintado, pero también hay piezas de escultura, cerámica y fotografía.Todo está representado y expuesto de una forma no cronológica, que invita al espectador a pasear por entre los cuadros viendo y mirando esos paisajes que el autor vio y representó.

Virginio Albiac apuesta por el color para pintar Oxeja, un lugar irreconocible, compuesto por colores uno junto a otro. El aragonés comparte generación con Díaz Caneja y Vaquero Palacios y eso se nota, ya que ninguno es realista; el color es lo que predomina ante un lugar que desconocemos. También Beulas es de la época, con sus marrones protagonistas de Sotonera. Más reconocible es Segovia, de Vaquero Turcios, no tanto por la imagen sino por la catedral. Ya en el interior, Amalia Avia, se centra en una calle, más bien una plaza, un lugar de descanso que dirige hacia el centro, al parador y a la cueva de San Antonio.

Azul es el mar que pinta Eduardo Sanz, con la isla al fondo, y allí el faro. Algo tiene el paisaje que encanta a los pintores, que les obliga a mirar y a descubrir qué hay detrás. Isabel Villar, en un campo de espigas ve a una mujer a la que llama Gitana, quizá por su vestido, acompañada por un tití; y Guillermo Pérez Villalta descubre a dos hombres, quizá pastores, cerca de un acueducto que une dos montañas. El ser humano aparece en Nubes sobre la aldea, una aldea deforme en la que una cabeza colorista sale de un edificio; y un animal viaja por la carretera; es el mundo de Fernández Molina.

La hermandad pictórica, sin embargo, hace viajar al espectador al desierto en Lo que hay de amable en los caballos, desierto vacío, entre montañas; y con solo dos arbolicos en su interior, pequeños, minúsculos... Si hay que hablar de realidad, ahí está Paisaje / dolor, de Almalé / Bondía, que retrata un bosque lleno de maleza de la que es difícil salir; o la Estación de tren de Fuentes de Ebro convertida en hotel por Lara Almárcegui; La torre del Agua, de Ignacio Mayayo; Delicias, de Ignacio Fortún; las sábanas destartaladas en una noche de sueño (Mateo Maté) o el cuerpo de una mujer convertido en paisaje por Rafael Navarro.

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