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Actualidad teatral en la capital aragonesa

«El teatro te obliga a escuchar, algo que no sucede diariamente»

 

Lluís Pasqual, ayer, en CaixaForum, donde inauguró el ciclo ‘Universos literarios’. - JAIME GALINDO

DANIEL MONSERRAT
08/11/2017

–Así que Federico García Lorca es su hermano gemelo...

–(Risas) Es un invento. Mi madre me cantaba canciones de Lorca sin saberlo ni ella ni yo, canciones que había armonizado Federico y empecé a leer su poesía muy pronto. Todos tenemos afinidades sin saber por qué con una canción, una composición, un escritor, y lo mismo me pasaba a mí, la impresión de que a mí me pasaban cosas que le pasaban a él, que nos pasaban a todos pero la gran diferencia es que él sabe contarlo y yo no, que es un gran poeta y escritor. Y decidí que los mejores consejos me los podía dar Federico como si fuera un hermano.

–Él llevaba la poesía a los pueblos más recónditos, ¿le ha marcado a la hora de hacer teatro?

–Absolutamente. El error que cometemos casi siempre con Lorca es pensar que era de una sola manera y es un prisma de muchas caras. Él fue un gran hombre de teatro y es emocionante la aventura de La Barraca, unos universitarios que deciden irse a los pueblos donde hay un 80% de analfabetos y se ponen a hacer Lope de Vega. Es un fenómeno que se produce en Europa mucho más tarde. Después de la segunda guerra mundial, los grandes teatros populares acercan el patrimonio clásico a la gente sea cual sea su condición. En Europa se produce mucho más tarde.

–Dice mucho de él...

–Era alguien que creía profundamente en el poder de la cultura para hacer crecer el nivel espiritual y económico de la gente. Son los años 30, el momento de la república donde la cantidad de talento que se acumula esos años es enorme. Esa creencia en que la música, poesía y teatro puede hacer mejor a la gente es una cosa que ahora nos parece normal pero en ese momento era un sacrilegio sobre todo para la gente de derechas que seguía teniendo el interés de que nadie se formara.

–¿No le da pena que con todo lo que hubo pelear, ustedes en el Teatre Lliure por ejemplo, hoy se esté despreciando la cultura?

–Creo que el desprecio es la consecuencia, hay un ninguneo inaceptable. Recuerdo que las últimas campañas electorales, solo un político y muy colateralmente pronunció la palabra cultura. Nadie más porque no les importa, cosa que no ha hecho la gente. En el teatro, el público ha continuado siguiéndonos en época de crisis pero lo que son los responsables de cultura parecen de otro planeta.

–En tiempos de preponderancia del cine y la televisión, el teatro es el único que conserva ese ritual de conexión directa...

–Estamos en un momento en el que en las radios, en las televisiones, en las cenas de familia, todo el mundo se interrumpe, todos preguntan y nadie espera la respuesta, es un batiburrillo. En el teatro nadie puede interrumpir, permanece en silencio, escuchando los argumentos de los personajes hasta el final, nadie puede contradecirles y eso es un ejercicio muy difícil de hacer diariamente y en el teatro se llega a una cierta profundidad por eso, porque hay que escuchar.

–Después de tantos montajes abordando a Lorca, ¿ha llegado a entenderlo del todo?

–Siempre hay materia, siempre se puede hacer algo nuevo. Es extraordinaria la cantidad de veces que se ha representado Bodas de sangre, la he visto en coreano, en chino, en ruso, en polaco, en turco… y cada vez los textos cogen la forma de los que los representan. Bodas de sangre o Bernarda Alba son dos títulos que, por ley, en España, hablan de situaciones que no se deberían producir. Pero hay una parte del mundo, Egipto y Turquía, en que la condición de la mujer es otra y les parece que se lo hayan escrito para ellos, lo consideran un poeta nacional, lo estudian en las escuelas, algo que no siempre sucede en las españolas. Es lamentable lo poco conocida que es a veces su obra y el propio poeta en España.

–Es inevitable preguntarle por qué le parece la situación que se vive en Cataluña.

–Creo que en este momento la pelota está en unos tejados a los cuales los ciudadanos no llegamos, las decisiones nos pasan por encima. Un psiquiatra que vino el otro día al teatro, me dijo ‘aprovechen ustedes porque son aún de los pocos reductos que pueden hacer el bien a alguien’. Hay momentos en que uno se siente inútil. ¿Qué hago como persona de teatro para hacer un poco de bien y ayudar a que el elástico no esté tan tenso? Bueno, pues hacer teatro cuesta pero como en otros momentos. Yo viví muchos años bajo el franquismo, no es una situación parecida, aquello tenía una caspa enorme y mucha de esa caspa se ha ido con el viento y con los años pero resistir no es una palabra que me suene a nueva.