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Erik el Belga: "No creo que ´El grito´ vuelva a aparecer"

  •  El exladrón de arte opina que el autor del robo "quiere el cuadro sólo para él"


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    Erik el Belga, en una foto de archivo. - Foto:EL PERIODICO

    JULIA CAMACHO SEVILLAJULIA CAMACHO SEVILLA 28/08/2004

    Desde su retiro en Málaga, René van der Berghe, conocido como Erik el Belga, el exladrón de arte más famoso de Europa, recibe con sorpresa las hipótesis policiales sobre el destino del cuadro El grito, de Edvard Munch, que fue robado el pasado domingo en Oslo. El Belga, que hoy inaugura un museo con sus donaciones en Cúllar Baza (Granada), ha copiado esa obra en numerosas ocasiones.

    Las investigaciones policiales apuntan tres vías: una acción espectacular para llamar la atención, un secuestro destinado a obtener un rescate o un robo por encargo de un coleccionista sin escrúpulos, pesquisas éstas que aventuran incluso que el intermediario pueda ser un narcotraficante afincado en la Costa del Sol, que remitiría las obras a una segunda persona afincada en Dubai.

    "La policía tiene a veces mucha fantasía", ironiza Erik, que asegura que la desaparición sólo puede vincularse a un coleccionista privado, tal y como ya afirmó esta misma semana en EL PERIODICO DE ARAGON. "Detrás de un robo así siempre hay uno", insiste, al tiempo que descarta Oriente Medio como destino, porque "un árabe no compra este tipo de cosas, ni actúa así". A su juicio, El grito es una de las pocas obras capaces de suscitar aún el deseo de alguien de poseerlo en exclusiva. "Tiene una gran carga esotérica y mística, una espiritualidad no vista desde el gótico", asegura. Y añade: "Ojalá me equivoque, pero no creo que el cuadro vuelve a aparecer".

    Precisamente esta podría ser la característica que ayude a esclarecer el perfil de la persona que encargó el robo. "Ha tenido que ser una persona con una personalidad similar a la de Edvard Munch. Alguien enfermizo, casi rozando la locura; una persona que cuando vea ese cuadro, sienta un gran descanso", opina.

    "Es como las imágenes religiosas; un crucificado, por ejemplo. Representan el dolor, la sangre: coronas de espinas, lanzas en el costado, latigazos... Consiguen que todo aquel que las mire, por muy mal que se encuentre, descubra que siempre hay alguien que está peor, y encuentre consuelo. Sin embargo, El grito representa el dolor del hombre moderno, que ya no tiene tanto sufrimiento físico".

    Para Erik el Belga, quien haya encargado el robo "debe de ser una persona atormentada" que lo ha adquirido para su disfrute privado. Esta personalidad obsesiva del posible coleccionista evitaría que el cuadro viera la luz algún día, al no tener ningún objetivo material. "Quien sea lo quiere sólo para él, no para pedir un rescate. Y cuando esa persona desaparezca, el cuadro posiblemente desaparecerá con él".

    Apunta que, en sus tiempos, las condiciones eran distintas. "Había más controles al pasar el lienzo de un país a otro", dice El Belga, que especula sobre cuánto hubiera cobrado su equipo por un trabajo similar. "Por llevar armas, actuar de día y en un museo, no menos de 350.000 o 400.000 euros. No son ladrones de poca monta; son profesionales que puede que entreguen el cuadro y ni conozcan al destinatario".

    El Belga (Nuiville, Bélgica, 1940) ha dedicado su vida al robo y la falsificación, actividades delictivas que él interpreta como "salvar miles de obras que estaba tiradas en la calle". No es el caso de las numerosas piezas del patrimonio aragonés, que expolió durante los años 80. Ahora se ha pasado al otro bando y se dedica a asesorar a coleccionistas y museos, y a pintar escenas religiosas que regala a conventos. Dice que no se trata de limpiar su conciencia. "Los que debieran arrepentirse son quienes han vendido obras de arte como el que vende patatas", acusa.

    Hoy inaugura en Cúllar Baza (Granada) el primer museo con sus donaciones. Su relación con este pequeño municipio andaluz viene de lejos: al enterarse del robo de la talla de la patrona, la Virgen de la Cabeza, decidió enviar un lienzo a tamaño natural para que el pueblo no se quedara sin imagen que procesionar. "No hay más gloria para un artista cristiano que pintar una Virgen y que el pueblo le rece", dice orgulloso. Tan sorprendido quedó con el agradecimiento de los granadinos, que decidió regalarle a la Virgen su propia colección privada de arte, un fondo de 15 obras, de momento, con escenas de temática religiosa.

    Revista RedAragon

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