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José Azul, la virtud de animar a las viejas herramientas

Primera exposición individual en Artix hasta el 1 de abril y, después, en el Bar Birosta (calle Universidad).

 

POR ROBERTO MIRANDA rmiranda@aragon.elperiodico.comPOR ROBERTO MIRANDA rmiranda@aragon.elperiodico.com 26/03/2006

TÍTULO: Criaturas que pululan. LUGAR: Galería Artrix (calle Pedro Liñán, 8, esquina calle Palafox). AUTOR: José Azul. FECHAS: Hasta el 1 de abril. HORARIO: Martes a sábado, de 17.00 a 19.00. Sábados, de 10.00 a 13.00.

José Azul cogía de niño las grandes tijeras de albardero de su padre y las blandía por el aire como si fuera un pájaro de fauces amenazadoras. Desde muy pronto se dio cuenta en su pueblo que montones de herramientas del campo estaban basadas en diseños del mundo animal. Y en la vieja caseta familiar jugaba a combinarlas: La hoz y el serrucho eran dos maxilares. Ya de mayor, José Azul sigue siendo capaz de ver en una picoleta o en un cortafríos la cabeza de un pájaro, a la que basta añadir como cuerpo un canto rodado del barranco de Burbáguena, o una de aquellas piedras de hierro que se usaban para calentar las camas.

José Azul no suele contradecir la forma inicial de los aperos, cree que la eficacia de una herramienta pasa virtualmente intacta a su nueva utilidad como elemento plástico. Le basta con probar composiciones hasta que la mezcla funcione. Incluso juega con las sombras. Él, que se las ve con la dureza y la resistencia de los materiales sueña con una exposición de sombras, utilizando una simple escultura de plantilla.

Trabaja en la fragua que una empresa ha instalado en la trasera de la Casa La Una de Poleñino, la que fue hospital miliciano en la guerra. De una pieza del yugo sale un pato minimalista, o de un cortafríos y una varilla forjada sale un gorrión en vuelo, o un treintapies ante el que los niños cuentan, uno a uno, los apéndices. José Azul tiene la ilusión de encontrar en algún sitio una fragua antigua semiabandonada, de esas que antes tenían todos los pueblos para ponerla en marcha y fabricar un gallojabalí o un gansoganso o un pez con ventana inscrito en un disco de grada de esos que arrastra el tractor para oxigenar la tierra. Un día regresó a la vieja caseta familiar del campo, cerrada durante años y se encontró un tesoro de chatarra con la que seguir jugando. De ahí han salido las criaturas que pululan en la galería Artix, en lo que es su primera exposición individual.