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«Los nazis perdieron la guerra pero ganaron la posguerra»

 

Grandes publica la cuarta entrega de su saga ‘La guerra interminable’. - JOSÉ LUIS ROCA

ANNA ABELLA eparagonelperiodico.com BARCELONA
14/09/2017

Del golpe de Franco de 1936 al golpe militar en Argentina de 1976, en un viaje por la guerra y la posguerra, el Berlín sitiado por los rusos o las masacres alemanas en Estonia, Almudena Grandes (Madrid, 1960) mezcla sabiamente historia y ficción en más de 750 páginas y con más de 200 personajes (una cuarta parte de ellos reales) para construir una verosímil historia de espionaje republicano. Un relato de perdedores y clandestinidad que saca los colores a la dictadura de Franco y a los aliados que ampararon una red clandestina de huida de criminales nazis en España. Se trata de Los pacientes del doctor García (Tusquets), cuarta entrega de Episodios de una guerra interminable, tras Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita, donde dice, «ahonda en las miserias del siglo XX».

–Sabido es que muchos huidos del nazismo se refugiaron en la España de Franco o pasaron por ella camino de Sudamérica pero no lo es tanto la existencia en Madrid de la red que lo hizo posible, dirigida por una española de origen alemán, Clara Stauffer, Clarita, íntima de Pilar Primo de Rivera y responsable de Propaganda de la Sección Femenina de Falange.

–Me impresionó que dirigiera la red desde Galileo 14, muy cerca de la mía, donde he pasado miles de veces. Encontré la entrevista que en 1948 le hizo un periodista británico del Daily Express que se coló en su casa. Ella estaba aún en la cama y en camisón y ni se levantó pero admitió abiertamente que había ayudado a 800 nazis. Eso habla mucho del personaje. Tenía párrocos amigos que le hacían certificados de bautismo con los que les facilitaba pasaportes españoles.

–Era la única mujer en la lista negra de 104 nazis reclamados en 1947 por los aliados a España. Pero vivió impunemente ¿Cómo fue posible?

–Esta novela es la prueba del nueve de que los republicanos intentaron con todas sus fuerzas que los aliados reconocieran que Franco era aliado del Eje y esperaron que la victoria aliada le costara el poder. Quedó claro que a los aliados de Franco les caía mejor que los demócratas republicanos españoles y les dejaron tirados. La democracia aliada miró hacia otro lado y Franco no entregó a ni uno de los 104, que siguieron viviendo alegremente aquí o emigraron a Argentina. Es el drama de España, como dice la cita de Gil de Biedma del libro: De todas las historias de la Historia/ sin duda la más triste es la de España/ porque termina mal.

–No ayudó el temor aliado al comunismo en la guerra fría.

–Los nazis perdieron la guerra pero ganaron la posguerra porque convencieron a los americanos de que el enemigo era Stalin y se habían equivocado de enemigo. Aquí hay muchos malos pero quizá los más malos no son los nazis sino los aliados, autores reales de la victoria de Franco con su política de no intervención.

–Y Clarita murió octogenaria en su cama de Madrid en 1984...

–Ella, y León Degrelle (SS belga) y en 1975 Otto Skorzeny (Caracortada) y el croata Ante Pavelic, que llegó a Argentina con pasaporte español, decidió que no le gustaba, volvió y está enterrado en San Isidro. Vivieron y murieron aquí apaciblemente. Y el estado franquista hizo millonarios a Skorzeny y Degrelle dándoles contratas de obra pública.

–El peso de la novela lo llevan en realidad dos amigos republicanos, un médico y un diplomático.

–Con ellos reivindico una clase social que prácticamente ha sido exterminada del relato, la burguesía republicana. Es muy grave e injusto porque fue la clase que levantó la Segunda República, sin jueces, catedráticos e intelectuales de tanto nivel o sin la Institución Libre de Enseñanza no habría habido la Constitución de 1931. Pero ahora en muchos libros y películas de la guerra flota la versión de que los republicanos eran gente de pueblo manipulada y engañada, como decía Franco en Raza.

–Esos dos protagonistas encarnan el eterno fracaso de la República.

–Sí. Sabía que los finales felices serían un problema y compenso ese fracaso con posibles finales felices en sus vidas privadas. Es una novela de fracasos y de persistencia frente al fracaso porque ellos nunca dejaron de luchar porque estaban convencidos de que su causa era justa. Ellos son héroes a su pesar, no tienen vocación heroica. Se implican por amistad o por lealtad.

–¿Realmente hubo miembros de la División Azul en las SS que participaron en masacres en el Este?

–Hubo muchos españoles que tras desmontarse la División Azul defendieron Berlín en su caída. Muchos se habían unido al llamamiento de Degrelle que pedía voluntarios para las SS y lucharon en Ucrania y Estonia a fines de 1944. Allí hallé la pista de que en el campo estonio de Klooga los nazis mataron a 2.500 personas en cuatro días y que hubo voluntarios de las SS que participaron en esos y otros crímenes de guerra. Es verosímil que entre ellos hubiera españoles.

–El personaje del canadiense Norman Bethune es casi un homenaje.

–Debería tener una calle aquí. Era un médico comunista que salvó miles de vidas: antes de él una transfusión de sangre solo podía ser con el donante conectado al receptor. Pensó en refrigerar la sangre del donante y llevarla en unidades portátiles y trajo el procedimiento al Madrid sitiado.