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Los estenos de la semana 3 La película más destacada Páginas 38 a 40 888

Las miserias de América

‘Tres anuncios en las afueras’ se postula como gran favorita a los Oscar con un guion de precisión milimétrica, unas interpretaciones memorables y mucho vitriolo

 

La protagonista, con uno de los anuncios. -

BEATRIZ MARTÍNEZ
12/01/2018

Se ha convertido en el fenómeno cinematográfico de la temporada. Acaba de arrasar en los Globos de Oro, donde logró cuatro estatuillas (mejor drama, guion, actriz y actor secundario), lo que la sitúa de forma inmediata como máxima favorita en la carrera a los Oscar. Cuenta con uno de los repartos más sólidos de la temporada, se sustenta en una interpretación memorable de Frances McDormand y tiene uno de esos guiones de precisión milimétrica que te atrapan desde la primera escena.

Se trata de Tres anuncios en las afueras (simplificación del título original, más atractivo y contundente: Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri) y es la tercera película de Martin McDonagh, prestigioso autor teatral de procedencia irlandesa (y hermano de John Michael McDonagh, director de El irlandés y Calvary) que ha sido capaz de introducirse en el universo de la América rural para destapar todas las miserias que se encuentran agazapadas en su subsuelo a golpe de muchas dosis de vitriolo.

McDonagh debutó en el cine con una película de culto inmediato, Escondidos en Brujas (2008), que le sirvió para introducir algunos de los temas que lo han caracterizado como dramaturgo en obras tan icónicas como La reina de la belleza de Leenane: el sentimiento de culpa y la dicotomía entre bien y mal, inocencia y perversión, luz y oscuridad.

HEREDERO DE HAROLD PINTER / Considerado heredero del estilo de Harold Pinter, entró a formar parte de la nueva generación de directores teatrales airados británicos que se aglutinaron alrededor de la vertiente in-yer-face, caracterizada por su violencia y brutalidad tanto expresiva como temática. Quizá por esa razón, el cine de McDonagh ha sido erróneamente vinculado al de Quentin Tarantino, sobre todo a raíz de su segunda película, Siete psicópatas (2012), que intentaba convertirse en una especie de deconstrucción de las películas de tiros y violencia gratuita. McDonagh no quedó contento con ella y decidió que en su siguiente proyecto se alejaría de los juegos metalingüísticos y apostaría por los personajes que no fueran entelequias o abstracciones simbólicas, sino que sintieran y sufrieran de verdad, que fueran humanos y que se mostraran en toda su compleja ambigüedad.

De esa necesidad surgió el personaje de Mildred (McDormand), una mujer incapaz de quedarse con los brazos cruzados mientras el asesino de su hija todavía sigue suelto y su crimen impune, razón por la que se enfrenta a toda la sociedad de esa pequeña comunidad en la que vive,

Ebbing, en Misuri, y a sus estructuras de poder a través de tres anuncios en las afueras destinados a denunciar la incompetencia policial en el caso. En su cruzada se topará con el jefe Willoughby (Woody Harrelson) y el violento y racista Dixon, un Sam Rockwell preparado para ganar el Oscar.

DE PUEBLO EN PUEBLO / Dice McDonagh que para empaparse bien de la esencia norteamericana estuvo viajando por EEUU de pueblo en pueblo durante meses, tomando apuntes e inspeccionando el terreno. No quería mirar a sus personajes por encima del hombro ni dar lecciones morales, sino comprender su ira, sus esperanzas y sus sueños desde el respeto. Escribió el guion en solo cinco semanas. Tenía como referencias a Vladímir Nabokov, J. D. Salinger y, sobre todo, a Flannery O’Connor. También películas como París, Texas, en la que otro extranjero, Win Wenders, supo fotografiar el paisaje de una manera tan icónica, con esas carreteras interminables y ese paisaje desolado. Pueblos que parecen haberse quedado congelado, como si nunca se hubiera producido en ellos el más mínimo cambio.

Y a partir de esa imaginería, intentó subvertir los clichés de la madre coraje a través de su humor negro característico que, por supuesto, vuelve a impregnarlo todo y, que, como él mismo apostilla (sin que se entere McDormand, claro), no se parece en nada al de los Coen, mucho más cínico. También destapar el odio, el racismo y la violencia incrustada en la América sureña. Pero siempre aportando un rayo de esperanza. Porque, como dice uno de los personajes, a pesar de las circunstancias, el amor es la única fuerza que puede transformarnos.