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REPORTAJE

Los misterios del juego de la oca y de las catedrales

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    Avila presentó su libro junto a Joaquín Carbonell. - Foto:ROGELIO ALLEPUZ

    ROBERTO MIRANDA ZARAGOZAROBERTO MIRANDA ZARAGOZA 18/11/2003

    Entre los años 1118 y 1128, nueve caballeros con sus servidores permanecieron instalados en las entrañas ruinosas del primer templo de Salomón, en plena ciudad de Jerusalén. Lejos de batallar contra las otras culturas como hacían los cruzados, se empaparon como esponjas de toda la sabiduría y las corrientes filosóficas no occidentales de la época.

    Les había enviado el propio Bernardo de Claraval (el fundador del Císter) quien había intuido que toda la gran sabiduría de la Antigüedad iba a desaparecer si no se hacía algo. Aquellos caballeros trabaron relaciones con los sufíes, con las corrientes neoplatónicas, el gnosticismo, las civilizaciones del Indo, del Ganges y con todo el ocultismo de Egipto. Cuando regresaron a Francia en 1128, el Papa les bendijo como orden religiosa y militar en el concilio de Troyes. Habían nacido los templarios.

    Jesús Avila (Granada, 1950) periodista interesado por los aspectos más esotéricos (saberes ocultos) de la historia, ha seguido las huellas de los templarios en Tierra Santa, Anatolia, Capadocia, Francia, España y Portugal y ha recogido las huellas que fueron dejando aquellos atesoradores de misterios y saberes por todas partes, también por Aragón.

    EL LIBRO

    Su libro La mitología templaria. Los conceptos esotéricos de la orden del temple , "da las claves que identifican lo que es un lugar templario", los cultos a las vírgenes negras sedentes (Montserrat, pero también la de La Peña en Calatayud o la de Sancho Abarca, en Tauste) derivadas del antiguo culto egipcio a Isis; la sacralización de las aguas subterráneas, del árbol del fresno, los santos Juanes, el mensaje oculto del juego de la oca; la proporción en el pentágono del número aúreo, canon estético de las catedrales; los laberintos...

    Umberto Eco en El péndulo de Foucault sostiene que la Edad Media desembocó en dos formas contrapuestas de saber: la científica y experimental del Renacimiento por una parte, y la continuación del conocimiento esotérico, mágico y mistérico de Oriente por otra, (la alquimia frente a una química aún sin desarrollar, la astrología frente a la astronomía en auge).

    Jesús Avila afirma que "gracias a la alquimia se logra la porcelana, el secreto de las vidrieras y la armonía de los rosetones góticos (remedos de las ruedas tántricas)", por no hablar de instrumentos y mapas de navegación que "pudieron llevar al descubrimiento de América por los templarios en el siglo XIII". Según este autor, Colón habría encontrado en Portugal esos mapas y la plata para hacer las catedrales dos siglos antes que su Descubrimiento habría venido secretamente del Nuevo Mundo.

    Los templarios dominaban los secretos financieros, y constituyeron una gran asociación de cambistas y banqueros. Las deudas contraidas por el rey Felipe IV el Hermoso de Francia con el Temple determinó que éste urgiera al Papa Clemente V a comienzos del siglo XIV para que los disolviera como orden, acusándoles de herejía.

    Esa acusación, que funcionó con éxito, "fue un paso atrás en la historia del conocimiento", explica Avila. Pero cuando el 18 de marzo de 1314 fue quemado vivo por la inquisición Jean Bernard de Molay el gran maestre del Temple, la huella de esos misterios traídos desde Oriente ya estaba impresa en lugares como Ambel, Calatorao, La Fresneda o Valderrobres.