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La otra revolución francesa

Erigida desde las barricadas, la Comuna de París gobernó la ciudad desde el 18 de marzo hasta su cruento final, en la última semana de mayo de 1871 H Sin la Comuna no hubiese habido mayo del 68

 

Masacre 8 Grabado que representa los fusilamientos sumarísimos de comuneros en mayo de 1871, en París. -

Rebelión 8 Defensas comuneras en las murallas de París, en abril de 1871. -

LUIS NEGRO MARCO
29/06/2017

En el momento de la proclamación de la Comuna (duró poco más de dos meses –desde el 18 de marzo al 28 de mayo de 1871–) París contaba con una población superior a los dos millones de habitantes. Entonces, la capital de Francia se agrupaba en distritos, algunos de los cuales destacaban por la extrema pobreza de sus moradores.

Tras la estrepitosa derrota francesa de Sedán (1 de septiembre de 1870) frente al poderoso ejército prusiano, el propio emperador Luis Napoleón III había sido apresado. Acababa así el Segundo Imperio, y ante el clamor popular, el 4 de septiembre era proclamada en Francia la III República, de la que Thiers fue elegido su presidente. No obstante, aún quedaba pendiente la firma del tratado de paz con la Alemania de Bismarck, cuyas tropas hicieron su entrada triunfal en París el 27 de febrero de 1871.

En estas circunstancias, las pretensiones de Thiers de disolver la Guardia Nacional parisiense (que no era una fuerza militar profesional, sino integrada por paisanos corrientes, orgullosos de defender su ciudad y los barrios en los que habían sido movilizados), así como la exigencia inmediata del pago de deudas por alquiler –que habían quedado suspendidos durante la guerra– crearon la animadversión de los habitantes de París contra el Gobierno, que decidió trasladarse a Versalles.

Consciente de que de los 260 batallones con que contaba la Guardia Nacional en París, no disponía de más de 60 para garantizar el orden, el 18 de marzo de 1871 Thiers ordenó que el ejército se incautase de los cañones que estaban en posesión de los federados parisinos. Mas, ante la negativa: –«Dad la vuelta a vuestros fusiles», se oyó decir desde las barricadas a los soldados que hacia ellas apuntaban –las tropas acabaron rebelándose contra el general Lecomte, quien siendo apresado, fue fusilado a los pocos días por los comuneros–.

De este modo, casi por sorpresa, había comenzado la rebelión, y con ella la revolución de la Comuna de París. Benoît Malon, miembro de la Internacional, llegó a proclamar: «nunca una revolución había sorprendido tanto a los revolucionarios». Pronto, la Comuna llego a ser entendida como una guerra de clases entre burgueses y trabajadores parisinos, agrupados por una tácita alianza entre ciudadanos proletarios e intelectuales radicales.

El triunfo de la Comuna de París significaba para sus protagonistas, el desarrollo de una autonomía municipal (la de París) para avanzar hacia una república democrática social en Francia. Pronto el color rojo (distintivo de los comuneros) empezó a verse en cinturones e insignias personales, así como en carteles, estandartes y banderas de todo París.

Una de las primeras medidas del gobierno de la Comuna, fue decretar obligatoria y gratuita la enseñanza primaria. Los cafés, clubes y gabinetes literarios, se convirtieron pronto en los centros fundamentales para la propagación del ideario y política de la Comuna, esencialmente secular y por ello contrario al poder de la Iglesia y el clero. De hecho Georges Darboy, arzobispo de París, sería fusilado el 24 de mayo.

Así las cosas, la comunera Louise Michel proponía cambiar la religión por la moralidad: «¡Proletarios: vais a renacer!». Por las calles se volvía a cantar La Marsellesa, que había sido prohibida años antes por su asociación con el ideario comunista. Por todo ello, Thiers estaba convencido de que los miembros de la Internacional comunista eran los verdaderos responsables del levantamiento del 18 de marzo. Y si bien es cierto que Karl Marx envió desde Londres a la joven rusa Elizabeta Dmitrieff para que le enviara informes sobre la situación en París, históricamente no está atestiguado que la Internacional fuera (al menos directamente) la impulsora de la revolución de 1871 en París.

Semana sangrienta

Finalmente, el 22 de mayo, Thiers decidió desde Versalles el ataque definitivo de sus tropas, integradas por 130.000 soldados, contra los 16.000 que pudo reunir la Comuna. Fue el comienzo de la Semana sangrienta durante la cual, las fuerzas regulares perpetraron una auténtica masacre, acabando con la vida de, al menos, 15.000 parisinos. Incluso, los fusilamientos indiscriminados, sin juicio previo, o sumarísimo, continuaron semanas después de haber sido derrotado el gobierno de la Comuna. Numerosos edificios habían ardido. Pronto corrió el pábulo de que las causantes de los incendios habían sido grupos de mujeres organizadas (llamadas les petroleuses). Acusadas de este delito, sin prueba alguna, decenas de ellas, fueron fusiladas. Quedaba además el saldo de 40.000 personas investigadas, encarceladas, o forzadas al exilio.

Este fue el trágico final de la Comuna, concluido con siete días de mayo teñidos de sangre y fuego detrás de las barricadas de París. Pero «si bien el cadáver yacía muerto, la idea seguía en pie» (Víctor Hugo). De este modo, es muy posible que Mayo del 68 jamás hubiera existido sin el cuasi centenario precedente de la Comuna de París.

‘MASACRE. VIDA Y MUERTE EN LA COMUNA DE PARÍS’

John Merriman

Editorial Siglo XXI