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CRÍTICA DE MÚSICA

El pirómano que no produce humo

 

Por Javier Losilla
11/03/2018

Hace tres años, cuando Pecker presentó en directo su disco Comercial, escribí que la estructura narrativa de su música se asemejaba a los algoritmos que hacen posible los videojuegos, y remataba diciendo que sus canciones son gozosos paradigmas de hipertexto. El viernes, en Las Armas, Pecker volvió a hacer gala de esa forma de escribir e interpretar tan contemporánea en el concierto de presentación de El incendio perfecto, su nuevo y reciente álbum. Subió al escenario acompañado por Lucas Lera (guitarra), Carlos Sosa (batería) y Mauro Albero (teclados), la banda perfecta para desarrollar en vivo las apuestas plasmadas en El incendio... y revisiones de algunas piezas más antiguas. O sea: rockeros cuando la ocasión lo requiere, rigurosamente pop otras veces, bailongos cuando el cuerpo y el tema lo demandan, melódicos... Las extensiones naturales de Pecker, vaya, quien tiene las cosas tan claras como cristalina es la resolución de su oferta.

En El incendio perfecto no todas las canciones brillan con similar intensidad, e incluso alguna de ellas, como la muy temprana (escrita por un jovencísimo Pecker que aún no era Pecker), Perfecto despertar en el lado complicado, es sustituible sin que el producto final se resienta. Con su directo ocurre lo mismo: los altibajos salen a la luz, pero no tanto como para quebrar un ritmo interno bastante notable. O sea, que, en general, un concierto de Pecker ofrece suficientes garantías de satisfacción. Un colega hizo notar el viernes este detalle: el público responde a la oferta, pero se sitúa a unos metros del escenario, un poco alejado del artista, y eso, dice, le escama. Creo que en tal asunto ni artista ni público están fuera de lugar. Partamos de la base de que Pecker no es Vetusta Morla ni Love Of Lesbian, y en consecuencia su público no participa del síndrome de proximidad que muestra el de esos grupos.

Pecker hace lo que tiene que hacer, y sus seguidores, lo propio: el primero, lanzar buenas canciones referenciales que se sitúan en una banda ancha que va de Tino Casal al Bowie más ochentero, pasando por Joe Crepúsculo; el segundo, disfrutar con un puñado de piezas que invitan a cualquier cosa menos a babear encima del escenario. Así que entuerto aclarado. El enigma, de haberlo, sería de otra naturaleza: ¿por qué a los aficionados zaragozanos a la música les cuesta tanto ir a los conciertos que ofrece Pecker? Dejamos el debate para otro día.

Por ahora, anotemos que Pecker y sus compinches dieron buena cuenta de todas las piezas del disco nuevo, y que completaron el repertorio con títulos procedentes de los álbumes Comercial (No, todo lo que no; Me enamoré de un perdedor), Grandes éxitos de un hombre invisible (Encantadora lunática, Me quemas bastante, Souvenir, Supernova) y Suite (Protocolo, Inédita). Cerraron la velada con la recreación de Eres tú, de Mocedades, canción que Pecker registró en el Ep Perversiones, a raíz de su participación en el festival oscense Periferias.

No nos engañemos: Pecker sí juega con fuego en sus canciones; puede despistar el hecho de que usa varias clases de cerillas, y que controla como pocos la pira. De ahí el título de su nuevo trabajo: no es un incendio cualquiera, es el incendio perfecto.