Aquellos que encendieron los cirios para velar el cadáver político de Cristina Cifuentes, dentro y fuera del PP, tuvieron que apagarlos. De momento. Y nadie sabe si por días o meses. La presidenta de la Comunidad Madrid logró ayer dilatar su vida institucional en una comparecencia en la Asamblea en la que no aportó pruebas concluyentes sobre la veracidad de su máster y denunció una «operación política» de la oposición u orquestada por sus enemigos en el PP para «desestabilizar» a su Gobierno y arruinar su carrera.

Logró, en parte, dar patada adelante gracias, sobre todo, al inesperado balón de oxígeno de Ciudadanos. El partido centrista no le exige que dimita y plantea crear una comisión de investigación que podría dilatar el asunto hasta el verano. Al PSOE y Podemos les parece insuficiente y, tras el pleno, los socialistas anunciaron que presentarán una moción de censura aunque saben que, sin el apoyo de Cs, no saldrá adelante.

Ella subió a la tribuna del parlamento con chulería madrileña a negar toda ilegalidad, con una puesta en escena enérgica en la que evidenció que no está dispuesta a rendirse aunque incluso en su partido haya quien la sitúe ya en la cuerda floja. No aportó el documento más relevante que se le requiere, el Trabajo Fin de Máster (TFM) y se limitó a exhibir la documentación que ya había presentado (y alguna minucia más) cuando estalló el caso, hace dos semanas. Aún así, defendió su título. «Es perfectamente real y perfectamente legal. Ni mi currículum, ni mis calificaciones han sido falseadas ni falsificadas», desafió.

Admitió ciertas irregularidades o fórmulas informales, pero las situó siempre sobre los hombros de los responsables del centro educativo. «Si hay algún problema en la documentación, yo como alumna no lo puedo aclarar y debe ser la universidad que lo haga», endosó.

Alegó también que si se cambiaron sus notas fue por un «error de transcripción» y abundó en que estas equivocaciones son algo «habitual». Defendió que si el acta que presentó está falsificada (como publicó El Confidencial a primera hora), es la que le envió la universidad. Aclaró que pudo defender su Trabajo Fin de Máster siendo delegada del Gobierno el mismo día en miles de personas salieron a la calle a celebrar la Eurocopa del 2012 porque el operativo lo dirigía la Policía. Y si no lo ha presentado es porque lo ha perdido y los correos que intercambió con sus profesores eran de una cuenta de la delegación del Gobierno que fue borrada por seguridad. Admitió que no acudía a clase porque el máster era algo adaptable y que sustituía los exámenes con tutorías y otros trabajos.

DIMISIÓN, JAMÁS / Encaramada en la indignación, advirtió: «No me he planteado jamás dimitir». Su tono fue convincente pero no logró persuadir a nadie en la oposición. PSOE, Podemos y Ciudadanos coinciden en que no resultó verosímil ni aportó pruebas concluyentes. Sin embargo, los tres partidos no comparten -por el momento- hoja de ruta a seguir.

El portavoz de Ciudadanos, Ignacio Aguado, exige una comisión de investigación que se constituya en un par de semanas y pueda presentar sus conclusiones antes del verano. PSOE y Podemos ya anunciaron que no la apoyarán porque les parece «insuficiente».

Tras el pleno, el portavoz socialista, Ángel Gabilondo, reunió a su grupo y más tarde se vio también con el líder del PSOE, Pedro Sánchez, para confirmar lo que había barajado tras escuchar a Cifuentes: que presentará una moción de censura.

El PSOE cuenta con el respaldo de Podemos -que ve un ejercicio de «cinismo» la comparecencia de Cifuentes- pero aún así necesita por lo menos un voto de Ciudadanos para que la moción prospere. El partido naranja no parece dispuesto a apoyarla.

«No compartimos la posición del PSOE y Podemos de plantear una moción ahora. No tiene sentido precipitarse», opina Aguado, que insiste en una comisión de investigación que puede cocer a Cifuentes a fuego lento y darle a los líderes de la oposición una palestra para ir construyendo su perfil hacia el horizonte electoral del 2019. Aunque fue contundente en su intervención y armó una buena batería de preguntas para acorralar a Cifuentes, no pidió su dimisión.

La decisión de presentar la moción de censura ensombrece la iniciativa de Ciudadanos y sitúa la presión en el partido de Albert Rivera, a quienes socialistas y podemistas acusan de ser la «muleta» que sostiene a Cifuentes en el poder desde el 2015.

A pesar del no inicial de Cs, las fuerzas progresistas confían en que la presión y la erosión en la relación entre Cifuentes y Aguado tras tres años de legislatura surtan efecto y accedan a apoyar la moción. Es improbable, pero de ser así, se convocarían elecciones, aunque los comicios deberían repetirse en el 2019 puesto que falta menos de un año para la cita oficial.

En este contexto, el futuro político de Cifuentes depende tanto de los designios de la dirección del PP como de los precarios equilibrios de una oposición con intereses contrapuestos.