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UN FUTURO INCIERTO

Grandes nubarrones sobre el Mundial de F-1

Mercedes, Ferrari y las grandes escuderias se oponen al revolucionario plan de los nuevos dueños de la F-1. La amenaza de Maranello de retirarse si la idea es limitar el gasto para igualar las carreras, va muy en serio

 

El campeón británico Lewis Hamilton y su Mercedes, bajo los nubarrones del Autódromo de Río de Janeiro. - GETTY / CLIVE MASON

MIGUEL MARTÍNEZ
25/11/2017

El Gran Circo echa el telón de la temporada este fin de semana, en Abu Dabi, con el mismo coche campeón de los cuatro últimos años (Mercedes), y con el título de pilotos decidido antes de tiempo —tres carreras atrás— en favor del campeón de tres de las cuatro últimas temporadas: el pletórico piloto británico Lewis Hamilton. La tendencia era mirar hacia otro lado ante tan pobre balance deportivo, la costumbre era justificar esos nubarrones con un balance económico que mejoraba cada temporada, pero las alarmas se han disparado en los últimos días. Por primera vez en tres décadas, los ingresos de los equipos han descendido. Los nuevos propietarios (norteamericanos) de la F-1 han aportado muchas ideas pero no encuentran consenso en el paddock para aplicarlas. Y lo peor, han tocado el bolsillo de los equipos y ahora los nubarrones van acompañados de rayos y truenos.

Ese 13% menos de ingresos respecto al tercer trimestre del año anterior era la señal que Bernie Ecclestone esperaba para esbozar esa sonrisa maligna tan típica del octogenario multimillonario inglés que concibió el fenomenal negocio de la la F-1 actual. Liberty Media compró el principal paquete accionarial de CVC Partners para dominar la F-1 y dieron una patada en el trasero a quien manejaba con éxito los hilos de la F-1 en los últimos 30 años. «Les dejé un restaurante de tres estrellas Michelin y lo han convertido en un McDonald's», repite el magnate. «Hablan y hablan , peor yo no les he visto hacer nada bueno aún», insiste. Un año después de tomar las riendas, lo único que puede presentar Chase Carey, el nuevo mandamás, es una reducción de ingresos.

LAS PROMESAS A LA BOLA DE NY

El restaurante de lujo, no es una idea del Tiiito Bernie, como le llamaban en Jerez. Cuando Liberty Media compró las acciones para dominar la F-1 explicó a sus accionistas de la Bolsa de Nueva York el tremendo valor del producto F-1. Entre los items que recogen en su memoria citan «Franquicia única de deportes de entretenimiento, marca icónica global construida durante 67 años de historia, gigantesca masa de aficionados en todo el mundo y cobertura internacional en los medios, más de 400 millones de telespectadores únicos por televisión a nivel mundial con más de 100 cadenas…» Y hacían incapié en el bajo riesgo de la inversión en base a la «diversidad de las fuentes de ingresos» y a que los contratos con los promotores de los circuitos y las cadenas de televisión «están perfectamente escalonados». Recalcando,  además, la existencia de «aproximadamente 9.300 millones de dólares de ingresos asegurados en virtud de contratos a largo plazo que se extienden hasta el 2026».

MÁS GASTOS, MENOS INGRESOS

Sí, es un restaurante de tres estrellas que los nuevos propietarios quieren mejorar y rentabilizar bajo tres puntos fundamentales: limitación presupuestaria de los equipos, más igualdad entre las escuderías para fomentar el interés deportivo, y nuevas fórmulas de espectáculo y comunicación con los fans. Los tres pilares han provocado un incendio.

La propuesta para un nuevo motor en 2021 pasa por aumentar régimen de giro para mejorar la potencia y el ruido, y que varios componentes de toda la parte híbrida eléctrica (MGH-H y baterías) sean estándar y suministradas por un proveedor único. «Eso sería como diseñar un nuevo motor para el que tendríamos que invertir muchos millones de euros. Ese no es el camino para reducir gastos», se queja Toto Wolf, jefe de Marcedes.

«¿Piezas estándar de un único proveedor? De ninguna forma. Los motores propios son el ADN de Ferrari. Si quieren convertir la F-1 en una Nascar Global, que no cuenten con Ferrari. Nos iremos», amenaza Sergio Marchione, presidente de Ferrari. Y todo cuando los ingresos se han reducido un 13% en el último trimestre, por primera vez en décadas. «Van a ser unas negociaciones duras y feroces, pero tenemos que sacar adelante el apartado técnico de la competición, el control de costes y el plano deportivo. Si arruinamos todo eso, somos tontos», explica Ross Brawn, el director general de la FOM.

«El crecimiento de gastos es de unos 70 millones de euros de un año a otro, y los ingresos han disminuido. Ese es el problema. Y mientras, escucho a Sean Bratches (director comercial de la F-1) decir que le gustaría ver a los pilotos acompañados por niños en la parrilla ¿es eso imitar las ideas del fútbol del futuro?». Carey y los suyos promovieron una ceremonia de parrilla diferente en Austin, al estilo Indy. «Fue un chiste, una mala copia de las 500 Millas. Ese no es el camino», criticó Fernando Alonso.

La forma de llegar a los aficionados está tan atascada como la nueva reglamentación de motores o presupuestos. Carey habla de «nuevas tecnologías digitales, redes sociales, diferentes capas de contenidos en distintos soportes de comunicación…», pero ni siquiera tiene una solución para decidir aún entre televisión de pago o en abierto. «El dinero está en la televisión de pago pero hay mercados en los que la penetración es baja en relación a la televisión gratuita. Estamos trabajando en eso…»

Un año después, Liberty Media no tiene un plan, no tiene soluciones claras, y el único cambio visible es una preocupante reducción de ingresos. Y a Ecclestone, que parece no haberse ido todavía, aunque sí, se le ilumina la cara con cada rayo de esta tormenta.