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la política migratoria de washington

EEUU abre la puerta a deportar a unos 200.000 salvadoreños

Trump rescinde el estatus temporal de que gozaban estos inmigrantes. Obama acogió a los afectados tras una serie de terremotos en El Salvador

 

RICARDO MIR DE FRANCIA eparagon@elperiodico.com WASHINGTON
09/01/2018

El presidente de EEUU, Donald Trump, prometió blindar las fronteras y vaciar el país de inmigrantes indocumentados, una misión que sigue empeñado en cumplir a pesar de las dificultades que está encontrando por el camino. El Departamento de Seguridad Interna comunicó ayer al Congreso la cancelación de los permisos temporales de residencia que se concedieron a unos 200.000 salvadoreños después de que varios terremotos hicieran estragos en el pequeño país centroamericano en el 2001. La decisión abre la puerta para que todos ellos sean deportados, aunque se les ha concedido una moratoria hasta septiembre del 2019 para que traten de regularizar su situación por otras vías u opten por regresar voluntariamente a su país de origen.

La purga de inmigrantes salvadoreños está lejos de ser un fenómeno aislado. La Administración de Trump parece decidida a acabar o, como mínimo reducir substancialmente, el número de inmigrantes que se han beneficiado del estatus temporal protegido (TPS), un programa aprobado en 1990 por George H.W. Bush para acoger por razones humanitarias a las víctimas de conflictos armados, desastres naturales y otras situaciones de emergencia. Gracias a ese programa, unos 300.000 extranjeros de 10 países tenían hasta ahora permiso para residir y trabajar legalmente en EEUU, un número que se está reduciendo a marchas forzadas. El pasado mes de noviembre ya se cancelaron los permisos de 45.000 haitianos que se establecieron en EEUU tras el terremoto del 2010 y de 2.500 nicaragüenses que lo hicieron tras el huracán Mitch de 1998.

nueva situación / En la carta enviada a los congresistas, la nueva secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen, sostiene que la situación generada por los terremotos en El Salvador ha mejorado notablemente y, por tanto, habría perdido vigencia la justificación inicial para blindar de la deportación a los salvadoreños amparados por el TPS. «Los 18 meses de moratoria concederán al Congreso tiempo suficiente para elaborar potencialmente una solución legislativa», ha escrito Nielsen.

Los defensores de los inmigrantes esgrimen, sin embargo, que El Salvador es uno de los países más violentos del mundo, por lo que su regreso no solo pondría en peligro sus vidas sino que podría también desestabilizar al país centroamericano. Su potencial deportación tendría consecuencias humanitarias dramáticas, ya que, según algunas estimaciones, esos 200.000 salvadoreños tienen unos 190.000 hijos nacidos en EEUU, lo que provocaría la quiebra de miles de familias.

Salvadoreños, haitianos o nicaragüenses no son los únicos grupos de inmigrantes que afrontan el futuro con extraordinaria zozobra. En marzo se acaba la moratoria concedida por Trump a los dreamers, unos 800.000 inmigrantes que llegaron a EEUU siendo unos niños. Invocando su arraigo en el país, la Administración de Obama los blindó de la deportación, pero Trump acabó con la medida de gracia y, como condición para prorrogarla, exige a los demócratas que le concedan los 18.000 millones de dólares que necesita para construir el muro en la frontera mexicana. Los demócratas parecen dispuestos a aumentar el número de agentes que patrullan la frontera o los fondos para reforzar la seguridad, pero siguen cerrados en banda a la construcción del muro.

A pesar de su celo contra los inmigrantes, la Administración de Trump deportó en el 2017 a menos indocumentados de lo que hizo su predecesor en el 2016. El año pasado se expulsó del país a 226.000 inmigrantes frente a los 240.000 del último año de Obama, un presidente al que se le puso el apodo de «deportador en jefe» por los más de dos millones de personas que fueron deportadas durante su mandato. En cualquier caso, con Trump en la Casa Blanca ha caído notablemente el número de llegadas ilegales a EEUU, un descenso que se atribuye al temor generado por su retórica contra los inmigrantes.