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derechos humanos

Indignación en Irán por la muerte en prisión de un conocido ecologista

Kavous Seyed, de 63 años, fue arrestado hace dos semanas

 

ADRIÀ ROCHA CUTILLER
12/02/2018

Cuando Kavous Seyed Emami fue detenido el pasado 24 de enero en Irán nadie le dijo por qué. Ese día, el académico y director de la Fundación para la Fauna Persa, una organización ecologista iraní, fue arrestado con otros nueve de sus trabajadores. Emami, ayer, 17 días después, murió en prisión. «Desafortunadamente se suicidó en la cárcel», dijo el fiscal de Teherán. Pero no todos se creen esta versión: «Eso es imposible de admitir –dijo su hijo, un músico iraní–. No me lo creo».

El viernes, la familia de Emami recibió una llamada para informarles de la muerte del ecologista, diciéndoles que se había ahorcado. Solo eso. «Nunca tuvieron acceso a un abogado. No sabemos de qué estaba acusado exactamente». El sábado, sin embargo, el régimen dio una pista, aunque no se refirió ni a Emami ni a los otros detenidos de su fundación. «Varias personas y organizaciones recopilaban información clasificada en lugares estratégicos al amparo de proyectos científicos y ambientales», dice la justicia iraní.

Con el del ecologista y académico es el tercer caso de «suicidio» en una cárcel iraní en tan solo 40 días. Los otros dos muertos fueron manifestantes detenidos durante las protestas de inicios de enero en zonas rurales de Irán. Los arrestados fueron una joven de 23 años y un chico de 22. Ambos, según la versión de la policía, se quitaron la vida. «Ella era una drogadicta. Él tenía varios cargos por posesión de droga», dijo el fiscal. Sin embargo, según el Centro por los Derechos Humanos en Irán, el cráneo de la chica tenía muestras de haber sido golpeado. «Las muertes en las cárceles iranís son una tragedia que debe parar ahora –dice el director de esta organización, Hadi Ghaemi–. Muestran la enorme impunidad de la que gozan los oficiales iranís, que cada vez salen indemnes del asesinato».

Ghaemi considera que en Irán existe un sistema de silencio en lo que a las violaciones de los derechos de los prisioneros se refiere. Emami es el segundo irano-canadiense que muere en una cárcel. Lo mismo le ocurrió, en el 2003, a la fotógrafa Zahra Kazemi, que perdió la vida, según varias organizaciones, mientras era interrogada. Ese caso, aún no resuelto, causó las protestas de las autoridades canadienses.