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Reunión histórica

Trump y Kim no pasan de un pacto superficial

Ambos exhiben buena sintonía pero no concretan el desarme nuclear. Varios expertos califican la cita de «ocasión fallida» y «acuerdo sin sentido»

 

Kim Jong-un y Donald Trump, ayer, en la imagen más esperada. - AFP / POOL / SUSAN WALSH

Kim Jong-un y Donald Trump, ayer, en la imagen más esperada. - AFP / POOL / SUSAN WALSH

ADRIÁN FONCILLAS
13/06/2018

La cumbre de todas las cumbres deparó el previsto circo mediático y terminó con la temida vacuidad sustancial. Donald Trump y Kim Jong-un partieron ayer por la noche de Singapur con la foto que sus egos reclamaban, mucho voluntarismo y ningún documento que pueda finiquitar el conflicto que se arrastra durante 70 años. Estados Unidos se comprometió a prestar garantías de seguridad a Corea del Norte a cambio de su arsenal atómico. Las ampulosas declaraciones llegaron desnudas de las garantías que los expertos reclamaban para evitar errores pasados.

El acuerdo contempla cuatro puntos con fórmulas tan vagas como el «compromiso común a trabajar por la completa desnuclearización de la península» y otras declaraciones similares. No contemplan la entrega de un listado pormenorizado de las armas e instalaciones nucleares, ni la fiscalización del desarme por inspectores internacionales, ni un calendario con plazos concretos. El anuncio había sido precedido de la grandilocuencia trumpiana: tremendos logros, éxitos más allá de lo que nadie podía imaginar, un documento que asegurará la paz, reunión honesta, directa y productiva.

El solemne compromiso de Pionyang por su desnuclearización que Donald Trump aireó como un logro histórico no es nuevo. Ya lo firmó en los dos acuerdos de las últimas décadas y lo reiteró en la declaración de Panmunjon de abril durante la cumbre intercoreana en la frontera. Entonces se disculpó la falta de detalles explicando que llegarían en la futura reunión con Trump. No han llegado.

El acuerdo provocó la desolación de los expertos. Andrei Lankov, probablemente el analista más reputado, habló de un acuerdo de «valor prácticamente cero» y de «declaración casi sin sentido». «Esperábamos que fuera un fiasco, pero es peor de lo que imaginábamos», declaró en la publicación NKNews. La sensación es de oportunidad perdida. «Estados Unidos podría haber sacado serias concesiones y no lo ha hecho», añadió. La comparación con viejos acuerdos muestra que incluso la verbalización actual es menos rotunda.

Singapur supone el despiadado derrumbe de las expectativas con las que Trump accedió a reunirse con Kim Jong-un. Entonces aludía rematadamente a la desnuclearización inmediata, irrevocable y completa (CIVD por sus siglas inglesas) y prometía que se levantaría de la mesa si Pionyang no la aceptaba sin condiciones. Por el camino rompió unilateralmente el acuerdo de desnuclearización con Irán que había firmado Obama porque, en su opinión, era una chapuza llena de lagunas. «Con Corea del Norte –exclamó– enseñaremos cómo se negocian estos asuntos». La insistencia de expertos en que el proceso de desarme de un país no se realizaba al alba sino en periodos de hasta una década le forzó a rebajar las expectativas de la cumbre. No abundaba el optimismo en las vísperas pero pocos imaginaban este secarral de garantías.

El mejor espectáculo de la cumbre llegó en la rueda de prensa posterior. Trump compareció sin nada que ofrecer ante docenas de compatriotas cargados de preguntas incómodas y manejó con impúdica soltura y disfrute una situación que habría torturado a cualquier otro. ¿Por qué no se han incluido garantías? «No tuvimos tiempo, hemos estado solo un día». ¿Qué le hace pensar que esta vez Corea del Norte cumplirá el acuerdo? «Porque esta administración es diferente, este presidente es diferente». ¿Cuándo se completará la desnuclearización? «He hablado con expertos y parece ser que el proceso es largo. Y sé que Kim Jong-un se pondrá en faena tan pronto aterrice en Pionyang».

LOS DERECHOS HUMANOS, DE PASADA

También prometió que había sacado con brío el espinoso tema de los derechos humanos y se mostró confiado en que mejorarán en un futuro indeterminado. Y aun se reservaba la última sorpresa: terminará con las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Esos ejercicios en la península descomponen sin remedio a Pionyang porque los ve como ensayos de invasión. Lo justificó en el precio (los aviones parten de la base en la isla de Guam, vuelan 600 kilómetros solo para tirar una bomba y regresan, explicó) y también en su «innecesaria provocación». No es descartable que se le ocurriera durante la rueda de prensa. Los mandos militares estadounidenses y surcoreanos de la zona declararon después no saber de qué les hablaban y que seguirán con los planes previstos mientras no recibieran una notificación oficial.

La región reaccionó con alegría al encuentro de dos líderes que meses atrás prometían destruirse. Moon Jae-in, el presidente surcoreano y principal artífice de todo lo bueno que ocurre en la península, calificó la cumbre de «gran victoria» para todos. «Esto es solo el principio y es posible que nos enfrentemos a muchas dificultades pero nunca regresaremos a las formas del pasado ni abandonaremos este viaje», dijo.

China sugirió el levantamiento de sanciones económicas porque estas son «el medio y no el fin». «Las acciones del Consejo de Seguridad de la ONU deberían apoyar y adecuarse a los esfuerzos de las conversaciones para desnuclearizar la península», dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Geng Shuang.