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MOTOCICLISMO

Pedrosa aprovecha el caos de Motegi y gana a lo campeón

Lorenzo, segundo, le resta cuatro puntos a Stoner y Márquez ya es líder

EMILIO PÉREZ DE ROZAS 03/10/2011

Japón fue, casi sin querer, el gran premio más agitado de la temporada. Y eso que nadie quería arriesgarse a la radioactividad de la zona. Pues bien, ahí, en Motegi, ante solo 34.096 espectadores, que expresaron su agradecimiento a los pilotos por correr allí, se produjeron tres carreras animadas de las que los tres campeonatos salieron vivitos y coleando. Por fin, el francés Johann Zarco, eterno segundón de 125cc, eterno Poulidor de la categoría, le ganó a Nico Terol. Por fin, el italiano Andrea Iannone sentó la cabeza y protagonizó un auténtico carrerón con el que superó al mismísimo Marc Márquez. Y, por fin, no ganó Casey Stoner sino un habilidoso, veloz, oportunista y constante Dani Pedrosa, que, sin querer, le echó una mano a su nuevo amigo, Jorge Lorenzo, que siendo segundo, por delante del australiano, le arañó cuatro puntos al indomable líder del Mundial de MotoGP.

La matinal arrancó con percance. A Maverick Viñales, cuarto en la parrilla de 125cc, se le rompió la cadena de su Aprilia en la vuelta de formación y tuvo que salir el último (36°). Poca cosa para el de Roses, que cruzó la meta en cuarta posición. Nueva proeza al canto. "Si me dan dos vueltas más, pasó a Faubel y me subo al podio", dijo sonriente el catalán.

Luego salieron los más ruidosos, numerosos y atrevidos, los chicos de Moto2. Y ahí, de nuevo, Márquez se puso al mando de las operaciones, pero esta vez con un compañero de viaje peligroso, tan agresivo como él, Iannone. Mientras Bradl, que partía desde una discreta octava posición en la parrilla, se complicaba la vida con Thomas Luthi, Simone Corsi y Alex de Angelis, el de Cervera se limitaba a tantear las posibilidades de éxito en un trazado para el que no había logrado la mejor puesta a punto.

Cuando el jefe Alzamora vio que Luthi se desayunaba a Bradl y el alemán tenía imposible el podio, le mostró la pizarra "P2 OK". Y Márquez, que si algo tiene es que es muy obediente, desistió, como Terol, de perder 20 puntos por sumar otra victoria.

Y, luego, el gran festival. La carrera del caos. El circo de MotoGP. Fijénse si ocurrieron cosas. Dovizioso, que en Motegi estaba para ganar, y Simoncelli se saltaron el semáforo y fueron sancionados con un paso por los boxes. Rossi chocó con Lorenzo en la segunda curva del circuito y se fue al suelo. Stoner se quedó sin frenos cuando se escapaba ya hacia su novena victoria y fue superado por un montón de pilotos. Bautista se cayó cuando era cuarto y perseguía el mejor resultado de su vida. Elías, idem de idem, cuando era sexto en su mejor GP del año. Y, lo peor, Barberá sufrió una caída, que le produjo la fractura de su clavícula derecha.

Antes, durante y después de todo eso, Pedrosa, que, con la honradez que le caracteriza, reconoció "no tener el ritmo de Dovi y Stoner", se vio liderando el GP con Lorenzo pegadito a él. Y como el tri catalán pilotaba una Honda se escapó. Y ganó a lo campeón. Solo Lorenzo, con su segundo puesto, logró romper el dominio de Honda: cuatro motos aladas entre los cinco primeros. Le regaló a su marca de toda la vida un triunfo que no lograba desde el 2004. Y al motociclismo español su victoria n° 400 en el Mundial.

 

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