17/06/2006 VICEN‡ PAGˆS JORD€ BARCELONA
LEYENDAS Y LECTURAS
AUTOR: Juan Luis Panero
EDITORIAL: RBA
PÁGINAS: 204
PRECIO: 16 euros
En1994, Juan Luis Panero (Madrid, 1942) publicó el libro de prosas Los mitos y las máscaras (Tusquets); una selección de artículos, prólogos y conferencias sobre literatura, cine, pintura, toros, personajes históricos y lugares vinculados al autor. La editorial RBA acaba de publicar una nueva selección, Leyendas y lecturas, que incluye algunos de aquellos textos y añade otros con el énfasis puesto en la literatura. Sobre esta cuestión y otras querencias ha hablado Juan Luis Panero con los redactores de las páginas de Libros de este diario, componiendo así un breve diccionario de su mundo.
ASTORGA. Lo que me marcó fue la casa de mis abuelos paternos y la finca en el campo, a ocho kilómetros. Todavía era un mundo del siglo XIX: se segaba con las famosas hoces que ya nadie sabe lo que son, se trillaba como 20 siglos antes. Viniendo de Madrid, era un contraste importante. Sin esos cuatro meses al año de aislamiento no habría leído tanto.
BORGES, JORGE LUIS. Para mí, es la literatura: poeta, narrador, ensayista, conversador, personaje. En él se daba una mezcla de cultura e inteligencia extraordinarias con un sentido del humor sin pedantería. Los encuentros con él a lo largo de 18 años, en España y en América, fueron momentos irrecuperables de mi vida. Es el único genio que he conocido. Ahora todo el mundo dice que lo ha leído, pero si fuera cierto se notaría más.
CERNUDA, LUIS. Lo conocí de niño en Londres, donde él estaba exiliado. Tuvo buena relación con mi madre y conmigo. Me iban a buscar al colegio, me llevaban al parque. Lo recuerdo como a una persona muy entrañable. Más tarde, en 1965, en casa de mi padre, pude leer su poesía completa, La realidad y el deseo, que fue decisiva para mí. Su valor ético descomunal me asombra hoy más que entonces. Con T. S. Eliot, Constantin Cavafis y Salvatore Quasimodo, marcó mi juventud.
´EL DESENCANTO´. La película de Jaime Chávarri tiene un interés sociológico e histórico, aunque a mí no me ha entusiasmado nunca. La segunda parte, realizada años después por Ricardo Franco, no tiene ningún sentido. La vi una vez y no me gustó nada.
FITZGERALD, FRANCIS SCOTT. Es el primer novelista contemporáneo del que me sentí próximo. Leí Suave es la noche a los 20 años y me pareció una novela muy moderna. Creo que Lo sigue siendo nada vanguardista ni experimental, sino un experimento con los sentimientos, no con las palabras.
HISPANOAMÉRICA. Mi literatura y mi vida le deben mucho a mis estancias en Colombia, Ecuador, Argentina, a los libros que podía comprar en las enormes librerías de México, a Juan Rulfo, a Octavio Paz, a Bioy Casares. Sin Hispanoamérica quizá habría dejado de escribir hace muchos años.
LONDRES. Todos mis recuerdos de niño son de Londres, donde viví en 1946 y 1947. Luego he vuelto muchas veces. Es una ciudad que me ha marcado mucho más que cualquier otra. Ahí descubrí la escuela, el cine, el mar, otro idioma, otro mundo.
LOWRY, MALCOLM. Es un escritor irregular, que escribió una novela genial que es también un gran poema, Bajo el volcán. El resto de su obra son aproximaciones esa única obra extraordinaria. Aunque tuvo dificultades para publicarla, cuando alcanzó cierto éxito ya no supo qué hacer de su vida y se liquidó.
MÁRAI, SÁNDOR. Uno de mis últimos descubrimientos literarios. Humanamente tuvo --como Albert Camus, como Juan Rulfo-- una actitud ética extrema, que se resume en el verso de la Epístola moral a Fabio: "Iguala con la vida el pensamiento".
MUERTE. Por un lado le damos, es lógico, una importancia grande en nuestra vida, porque es el final. Yo la he visto de cerca varias veces y no le tengo un miedo especial. La enfermedad, el dolor físico, son muy desagradables, pero la desaparición sólo me produce la idea de descanso.
PINTURA. He sido un poeta más visual que intelectual. Mis poemas casi nunca parten de una idea, sino de una imagen. Un paisaje de Paul Cézanne, un bodegón de Giorgio Morandi, no me cansan nunca.
VIENA. Es el último lugar que he descubierto. Siempre había tenido ganas de conocer la Viena de La marcha de Radetzky, de Joseph Roth, y de El Danubio, de Claudio Magris. Fui desde París en el Orient Express. Llegar a Viena en ese tren renqueante proporciona un doble sentimiento de retroceso en el tiempo.
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