Opinión
Martes 9 Febrero 2010
23/09/2007 HIPÓLITO Gómez
No soñemos con imposibles ni nos dejemos cautivar por complacencias caras. En política cualquier pretensión depende de los recursos disponibles y por altos que sean los propósitos, poco se alcanza si no se cuenta con las correspondientes disponibilidades presupuestarias; para todo a la vez no hay medios bastantes. Las Administraciones públicas elaboran sus presupuestos partiendo del principio de escasez; en otras palabras, todo no lo pueden hacer en el mismo ejercicio a pesar de que en los presupuestos públicos sean los ingresos los que se acomoden a los gastos a diferencia de lo que hacemos los de a pie.
Por ejemplo, en el caso de la enseñanza de lenguas, Aragón (y creo que España entera) debería saber lo que puede y responder seriamente a una pregunta previa: además del español común, que es de enseñanza obligatoria en toda España, ¿qué deberíamos hacer, incluir en el correspondiente plan escolar otra lengua universal o dedicarnos a la resurrección de las lenguas privativas del territorio?
En Aragón pasan de diez las modalidades lingüísticas que de alguna manera se usan (lo de la "normalización" o reciclaje de varias de ellas a otra lengua foránea cabe que sea sólo un subterfugio para eliminar diferencias que permita llevar toda el agua a un molino, que no es de aquí) y es obligado decidir entre cultivarlas todas, incluyéndolas como son (no como nos las "normalicen"), o apartarlas todas de aquel plan, optando por hacer obligatoria otra lengua universal como la china, la rusa, la inglesa, la francesa o en fin la alemana. No sería útil ir por el mundo intentando que nos entendieran en chistavino o en chapurreao.
Pienso que la escolarización requiere el mínimo de dos idiomas de corte universal, no regional; ese es el bilingüismo que verdaderamente necesitamos; por mucho que duela, nuestra juventud tiene que centrarse en aprender lenguas de ámbito superior al de una porción minoritaria del territorio nacional; todo es respetable, pero ello no debe conducir a enseñanzas idiomáticas que ni rentable ni racionalmente son sostenibles en general a nivel de enseñanza media. Los que hicimos el bachillerato del Plan de 1938, sabemos que a la mayoría le sirvió de poco cursar siete años de lengua española, de latín y de francés o italiano más cuatro de inglés o alemán y griego. No conviene ser tan ambiciosos (ni pretenciosos); la mera posibilidad de que todos los centros de enseñanza media puedan ofrecer el aprendizaje de cada uno de aquellos idiomas que llamamos universales, ya sería muy problemática.
Por supuesto, la especialización en lenguas vivas o muertas representará siempre una parte indispensable de la enseñanza, pero no de la media sino de la superior o universitaria. Enséñense y aprendamos en general algunas de aquellas lenguas que sirvan para entender y ser entendidos más allá de las fronteras de España, que dentro de ella todos nos entendemos con buena o elemental voluntad. Hablando en español común nos comprendemos y no nos ofendemos.
Eliminada la ganga política de las intenciones malévolas, tanto si se visten de románticas ("conservemos nuestro gloriosa pasado") como si se visten de progresistas, que en estos asuntos se emplea más imaginación que razón, opino que la persistente voluntad popular y no menos la tecnológica, se empeña en dar cauces a la comunicación universal posible a través de lenguas de ese carácter cuando los interlocutores no tienen ninguna común. No me canso de pedir respeto para todas las lenguas, pero ¿podemos imponernos la carga general de consumir nuestra aptitud lingüística media aprendiendo bable, catalán, aragonés o vascuence o cada una de las modalidades lingüísticas de Aragón?
Aclaro expresamente para evitar equívocos, que quien quiera o necesite aprender lenguas particulares de España debe encontrar facilidades aunque sin comprometer en ese noble empeño, el tiempo de los demás.
Ya dije que en esto de las lenguas y dialectos es recomendable emplear una recíproca y generosa cortesía sin hacer de idioma alguno, un arma de facción. Recuerdo con tristeza, porque defrauda a cualquiera, la recepción que le hicieron al presidente de Endesa cuando el pasado agosto y de propia iniciativa pidió comparecer en el Parlament para explicar los problemas del suministro eléctrico en la Ciudad Condal. Resulta que salvo el Grupo Popular y el de Ciutadans, los demás le interpelaron en lengua vernácula. Fue una catetada impropia de Barcelona, sede básica del mundo editorial hispánico y "archivo de la cortesía". Eso no debería haber sucedido ni ocurrir nunca más.
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