Aragón
Miércoles 10 Febrero 2010
28/12/2007 OLIVIER VILAIN
Aragón se dispone a estrenar uno de los guarismos más ilusionantes de su historia, pronto viviremos al fin el esperado 2008. Año de bienes, al menos a priori, el de la Expo tendrá un discurrir muy especial, si bien su recepción será como todos los anteriores para la gran mayoría de los ciudadanos: cena opípara, uvas ante el monitor de televisión y una juerga con todas las letras para jóvenes y menos jóvenes. Porque la Nochevieja es precisamente eso: la madre de todas las fiestas nocturnas.
Recibir el Año Nuevo con planes más allá de las campanadas es un ritual que en los últimos años no ha evolucionado demasiado y se mantiene con las discotecas y los bares de copas como auténticos protagonistas. Las modas apenas afectan en las formas de celebrar esta fiesta, acaso en detalles como las recenas en sí, los sorteos de regalo --cada vez más evolucionados-- y en la selección musical. Cierto es que se echan en falta los tradicionales cotillones en hoteles que, no hace mucho, eran propuestas muy reclamadas por clientela de todas las edades, pero que en los últimos tiempos ha perdido su tirón, especialmente en Zaragoza. En esta despedida del 2007, lo más que uno puede hacer en nuestros hoteles es disfrutar de una cena de gala, pero el baile y discomóvil posterior es algo que escasea sorprendentemente.
CAMPANADAS En Zaragoza, lo que si ha tomado fuerza y concentra cada vez a más gente es vivir las campanadas frente el reloj del ayuntamiento. En esta ocasión, a partir de las 23.00 horas, el consistorio volverá a repartir bolsas de cotillón, con la novedad de que se trata de una edición especial inspirada en el merchandising de la Expo. Una vez superadas las doce de la noche, el habitual castillo de fuegos artificiales y, posteriormente, baile con orquesta en la plaza del Pilar hasta altas horas.
Pero, como decíamos, son las discotecas y los bares de copas los que realmente fijan la tradición más noctámbula de la Nochevieja --conste que un buen bingo casero también tiene sus adeptos--. Y en cómo vivir esta juerga reside la duda: ¿cotillón o no cotillón? Porque la diferencia entre una posibilidad y otra es importante. Decidirse por pasar el Año Nuevo en un cotillón supone pasar casi toda la noche en el mismo local, un desembolso mínimo inevitable por comprar la entrada (entre 35 y 50 euros por persona) y cierta organización logística por cuestiones de movilidad, ya que lo habitual es que la sala de fiestas o pub en cuestión se ubique en el centro de la ciudad. Negarse al cotillón de turno y decidirse por bares de puerta abierta supone libertad de movimientos (a menudo nos conformamos con el pub del barrio), poder cambiar de aires las veces que uno quiera y gastarse lo que uno considere oportuno, sin obligaciones preconcebidas.
La gran ventaja de pagar el precio de entrada de un cotillón es que la mayoría de estas jaranas garantizan la barra libre. En Zaragoza, por ejemplo, las principales discotecas mantienen que no hay límite de copas. Tal es el caso de La Casa del Loco (calle Mayor), que por 50 euros propone una fiesta temática titulada Pasaporte 2008 inspirada en la Muestra Internacional. Otro de los estandartes de la noche zaragozana, Oasis Club Teatro, mantiene la barra libre --hasta las 05.00 horas-- y además se desmarca con el tema de la fiesta, que se basará en los carnavales de Venecia. Si nos vamos a la calle Ricla y optamos por la discoteca 976, la oferta consiste también en una barra libre hasta las 05.00 horas, si bien hay una copa añadida para tomarse entre el final del cotillón y el cierre de la discoteca, que será a las 08.00 horas.
En Concierto Sentido (calle Azoque), el precio de la entrada es de 45 euros y la barra libre se mantiene hasta las 05.30 horas. Merece la pena nombrar también la propuesta de una de las pocas salas de fiesta tradicionales que podemos encontrar en Zaragoza. Porque Saratoga (calle La Salina) mantiene el baile con orquesta, actuaciones varias y barra libre por un precio superior a los 70 euros. Claro que también se han ideado otras fórmulas de consumo en los cotillones. La sala Manhattan de Huesca, por ejemplo, ofrece un bono de 10 copas por 35 euros, además de otro de 5 consumiciones que se puede gastar en los siguientes fines de semana. Por contra, la discoteca Ibiza (Cesáreo Alierta) dispone de dos opciones: 20 euros una entrada con una copa o 35 la entrada con un bono de 5 consumiciones.
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