Deportes
Miércoles 10 Febrero 2010
10/05/2008 SERGIO PÉREZ


Cantando el himno del CAI a grito pelado, Matías Lescano, la bandera de este proyecto, rodeó su afilado cuerpo con la enseña de Argentina, su país natal, y con la de Aragón, su patria de adopción. El gesto, cargado de sentimentalismo y de significado, encendió la maratoniana fiesta por el ascenso. Ayer, Zaragoza recuperó la ACB después de doce años de ausencia y el CAI cerró un ciclo de seis intentos inacabados. La cara de Lescano era la cara de la felicidad y, en su sonrisa, se resumieron todas porque nadie sabe como él qué es sufrir por este club. Lescano fue el foco de una celebración apasionada cuando recibió el trofeo de campeón de la LEB. Mientras, Curro Segura se puso a saltar como en un concierto de Siniestro Total y Óscar González cantó el "este año, sí" micrófono en mano.
Este pequeño relato, recubierto de emociones y de una enorme liberación, es la fotografía escrita de la noche del 9 de mayo del 2008 en el Príncipe Felipe. La 33ª jornada de la LEB Oro 2007-2008 escondía un maravilloso tesoro que el CAI ha estado buscando durante seis campañas eternas. Ayer lo encontró y convirtió un viernes anónimo del mes de mayo en una de las fechas doradas de la historia del baloncesto en Zaragoza. El triunfo contra el Hospitalet (91-64) terminó con una larguísima travesía de doce años por el desierto, seis de ellos sin ningún equipo verdaderamente representativo en la ciudad tras la desaparición del Amway un desdichado 4 de julio de 1996 y otros seis en las mazmorras de la LEB, purgando pecados propios y de donde el CAI huyó por fin de camino a la Liga ACB.
El proyecto más coherente de la sociedad Basket Zaragoza 2002 arribó a uno de los puertos más lujosos de España con éxito y a toda máquina, sin compasión ninguna de su última víctima propiciatoria, al que mandó a la LEB Plata. El "rodillo" aplastó al Hospitalet para celebrar el ascenso de categoría. Un ascenso tremendamente merecido por la seriedad del juego que ha desplegado el grupo de Curro Segura, uno de los indudables motores del triunfo por su maestría para construir un equipo ganador a partir de una plantilla en la que Victoriano, Lescano, Quinteros y Phillip han sido la columna vertebral, Victor y Starosta dos lujosos apoyos, y Óscar, Turner, Brown, Rojas, Iván García y Higgins, profesionales intachables al serviciode un objetivo global.
Gracias al tropiezo de Palma, donde el CAI perdió una oportunidad de oro y se condenó a cinco días de incertidumbre, el ascenso se pudo celebrar en casa. El festejo puso los pelos de punta. No es una frase hecha. Fue tal cual. Fue una fiesta verdadera, espectacular por su colorido y su sonido e impactante. Para vivirla. En un clima de máxima euforia, el CAI huyó de la Liga de las pistas gélidas y vacías, moneda común en la LEB durante este tiempo. Lo de ayer noche fueron las antípodas de todo eso. El pabellón Príncipe Felipe resultó un volcán de sentimientos y sensaciones. Fue la escenificación del éxito del club que preside Reynaldo Benito en su debut en la dirección, en la que ha dado un ejemplo de serenidad, de inteligencia, de control y de fe inquebrantable en una idea: la apuesta por un grupo de jugadores desde el principio hasta el final. La llegada a la cúpula directiva de uno de los fundadores de la sociedad lo cambió todo. De la improvisación y el tránsito incesante y alocado de jugadores, se ha pasado a la sensatez y a la apuesta firme y decidida por una forma de entender este deporte tan fácil de comprender como difícil de practicar: la continuidad. Aunque parezca increíble por sus antecedentes, el CAI va a acabar la temporada sin hacer ni un cambio. ¡¡Ninguno!! Simplemente ha añadido al grupo a Turner y Rojas por el cierre del mercado a final de febrero y como simple medida preventiva.
Eso ha sido el "efecto Reynaldo Benito", completamente determinante para que hoy el CAI haya recuperado la ACB para la ciudad. A su lado Alberto García Chápuli, director general, ha encajado esta vez muy bien las piezas y ha evitado el incalificable trasiego de jugadores del año anterior, seducido por el novedoso premio del ascenso para el primero al final de la Liga Regular. La modificación del sistema de ascensos ha sido una bendición. Ha salido todo redondo. No ha fallado nada. Por eso, desde ayer, el CAI Zaragoza es nuevo equipo de ACB. Atrás ha quedado una millonaria inversión económica, seis entrenadores, dos presidentes, dos directores deportivos y tres intentos frustrados que terminaron de manera cruel (contra el Granada en la temporada 2003-2004, ante el Murcia en la 2005-2006 y con el León en la 2006-2007).
Hoy eso son simples datos estadísticos de la travesía por la LEB porque lo verdaderamente importante es que los 11.000 aficionados que ayer abarrotaron el Príncipe Felipe, únicos, constantes e incansables a las decepciones, son felices. Están contentos porque el equipo de su ciudad vuelve a tener un espacio de honor en el universo de la ACB.
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