+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Autoridad y veracidad del profesorado

No suscita en mí mucha confianza quien necesita una norma para asegurar su palabra y su mando

 

ANTONIO Aramayona, Profesor de Filosofía
05/10/2011

Al parecer, el Gobierno aragonés tiene el propósito de presentar antes de que acabe el año una Ley de Autoridad del Profesor que convierte al docente en autoridad pública. Ello implica, entre otras cosas, que el profesorado gozaría de presunción de veracidad.

Acudo de inmediato al diccionario de la Real Academia Española, y me encuentro con que "veracidad" significa "cualidad de veraz", y a su vez, "veraz" es la persona "que dice, usa o profesa siempre la verdad". En otras palabras, el principio de veracidad hace que una persona se tenga como veraz sin que aporte prueba alguna y que su palabra prevalezca sobre la persona que no lo disfruta, si esta no aporta pruebas. Sin embargo, en nuestro país una persona a la que se le presumiere tal veracidad (por ejemplo, un profesor) debería conciliar tal prerrogativa con el principio constitucional (artículo 24.2) de la presunción general de inocencia, que declara inocente al denunciado hasta que se demuestre lo contrario. Más aún, ateniéndonos a la jerarquía legislativa, la presunción de inocencia es jerárquicamente superior y prevalece sobre cualquier presunción de veracidad.

EL HECHO ES que algunos grupos políticos y sindicales insisten en la necesidad de "reforzar la figura del docente", dotándole de herramientas disciplinarias que garanticen la protección jurídica en su labor como autoridad pública y a la vez refuercen "la consideración y el respeto por parte de los alumnos, padres y otros profesores", tal como reclaman algunos sindicatos de corte netamente conservador. Crece la opinión de que la enseñanza está sufriendo un grave deterioro debido a la merma de disciplina y respeto por parte del alumnado y sus familias, o a la falta de reconocimiento de la figura del profesor, y piden como solución un mayor reconocimiento social y un reforzamiento de su autoridad.

Por "autoridad" suelen entender ante todo potestad para imponer el orden y para sancionar a los alumnos más difíciles o recalcitrantes. Confunden así la auténtica autoridad con un elenco institucional de automatismos sancionadores que posibiliten que cualquier problema quede borrado a golpe de reglamento.

Sin embargo, etimológicamente, la palabra "autoridad" proviene de los términos latinos auctor y augere: hacer crecer o aumentar. El auctor, quien tiene autoridad, es, pues, fuente u origen de algo, y está relacionado con engendrar, dar vida, hacer que alguien o algo se desarrolle. Según esto, la autoridad no se otorga desde fuera propiamente, sino que se ejerce y va haciéndose dinámica y constantemente en la medida en que alguien crece y se desarrolla.

La verdadera autoridad o la auténtica veracidad no se imponen, sino que se reconocen. Es en la persona misma de quien tiene autoridad donde residen la dignidad, la valía para que se acepte y se reconozca en ella libremente esa autoridad. Quien quiere imponer autoridad solo por coerción está admitiendo que no le quedan otros instrumentos para hacerlo. Un profesor puede ejercer esa autoridad por estar legitimado legalmente para cumplir unas funciones que le son institucionalmente reconocidas. En este sentido, nadie discute que tiene autoridad, tiene el mando, tiene la potestad de imponer orden o hacerse respetar. En el mundo educativo, sin embargo, ese tipo de autoridad sirve para casos o situaciones extremas, pero reivindicarla como principal solución puede ser síntoma de incapacidades e impotencias personales e institucionales poco deseables.

LA EDUCACIÓN debe buscar formar y desarrollar personas y ciudadanos, lo cual conlleva fomentar su libertad y responsabilidad. A veces puede ser frustrante constatar las dificultades que esta tarea conlleva, especialmente cuando un profesor asegura que lo único que tiene que decir y hacer en un aula es enseñar su asignatura, por lo que cree que a quien no está interesado en estudiarla y aprenderla solo le queda callar y no molestar o, en caso contrario, sufrir la sanción correspondiente.

Ciertamente, algunos alumnos parecen desconocer las reglas elementales de convivencia y no haber pasado por un proceso de socialización básica. Esos alumnos deben tener claro a fin de cuentas que han de respetar las reglas comunes de un colectivo, pero eso no sucede de la noche a la mañana, por ciencia infusa, más cuando en algunas de sus casas eso se cumple poco y deficientemente. A pocos de esos alumnos les vale realmente la autoridad como imposición de reglamentos y sanciones. Sin embargo, esos alumnos, como todos los demás, reconocen y agradecen la autoridad de quien sabe, aprecia, valora, anima. Más aún, muchos de esos alumnos descubren por primera vez en sus vidas que hay alguien que a la vez enseña unos contenidos, establece unas normas de convivencia, se interesa por sus vidas, crea una corriente de aprecio y los anima a ir desbrozando su propio camino, y no solo el camino general que está prefijado a priori para todos sin excepción, sin otros matices.

Personalmente, no suscita en mí mucha confianza quien necesita una ley para asegurar su veracidad o su presunta autoridad.

   
18 Comentarios
18

Por Wendy 20:07 - 05.10.2011

Aramayona, como ya te han dado Bastos, yo te voy a dar los oros: Excelente artículo.

17

Por Javier 15:25 - 05.10.2011

Bueno, bueno....o se ha dado usted un golpe en la cabeza o vive encerrado en su despacho ajeno a la REALIDAD, así, en mayúsculas. Hace poco, circulaba en internet una viñeta muy ilustrativa de la realidad. En la primera, salían un niño con todo suspensos, unos padres echandole la bronca al niño y una profesora. En la segunda, salían los mismos actores, solo que los padres echaban la bronca a la profesora y el niño se sonría. En la sociedad, hay niños y jóvenes estupendos y los hay no estupendos. Normalmente, estos últimos se dedican a joder a los primeros y a todos los que les rodean, profesores incluidos. Usted dice que los profes con tendencias conservadoras son los que quieren la ley de autoridad. Resulta que los profes progres también la quieren y desean, pero callan. Por lo tanto, señor, no puedo estar más en desacuerdo con gran parte de su artículo.

16

Por yo soy asi 13:51 - 05.10.2011

Como muy bien dice el auutor del libro "Sonrisas y lágrimas en la escuela" a los alumnos se les debe enseñar con placer,y se debe aprender con placer y no con tanta autoridad.

15

Por bastaya 13:32 - 05.10.2011

Yo estudie hace muchos años, en aquellos en los que una bofetada era algo normal, pero puedo decir, que tuve profesores, excelentes que sin ningún tipo de amenazas, hacian de sus clases una autentica maravilla, hoy en día ocurre exactamente lo mismo, pues tengo hijos y lo compruebo dia a dia, hay profesores, excelentes y no necesitan nada para imponer su autoridad y en sus clases no se oye ni una mosca y todos los alumnos participan, en cambio en otras, son los propios profesores los que crean los problemas, entre otras cosas porque no saben explicar su asignatura, no les gusta la docencia o esperaban otra cosa y con el paso del tiempo se han ido amargando. Tengo claro que además de enseñar, un profesor ha de tener sicologia y empatia con los alumnos.

14

Por La Garra Hispanica 13:01 - 05.10.2011

No llego ha comprender, esta lección magistral que nos da, sobre una palabra, que las personas de la calle sabemos exactamente, lo que quiere y no le buscamos tres pies al gato como hace Señor, Aramayona. Sr. Aramayona, ¿podría decirme en los colegios británicos, donde los pudientes llevan a sus hijos para formarlos, dentro de una disciplina férrea y donde el profesor, además de enseñar , impone su autoridad, cuando es necesario?. A Vd. se le nota de que pie cojea, posiblemente a mí también se me nota, pero la mayoría de maestros que yo conozco, se quejan todos de la falta de autoridad, que hay en los centros escolares. Como es que casi todos se jubilan con 60 años?. Si tan profesionales son y tanto les gusta enseñar, como no siguen con su labor docente, hasta que sus mentes no puedan mas?.

13

Por dardo 12:53 - 05.10.2011

Todo muy bien segun el articulista y profesor pero somos de los peores en el informe PISA , algo hay que hacer diferente a lo actual ¿verdad mañico?

12

Por Roger O. 12:33 - 05.10.2011

¿Qué factores y características explican la excelencia de la escuela finlandesa y, más en concreto, su superioridad respecto de la española? Este es el tipo de cuestiones que deberían estar en el tapete, si es que realmente nos preocupase la educación española. Pero no, todo gira hoy en torno a los intereses de los profesores-funcionarios por mantener, a toda costa, inalterados sus privilegios. Las claves del éxito de la escuela finlandesa hay que buscarlas en una serie de elementos que se combinan para dar ese resultado. El primero de ellos es la altísima calidad del personal que forma a los maestros. Los profesores de las facultades de Pedagogía son en su gran mayoría doctores. Además, los finlandeses cuentan, según el QS World University Rankings 2011, con una universidad entre las 75 mejores del mundo, mientras que... ¡España no cuenta con ninguna entre las 150 mejores!

11

Por Roger O. 12:33 - 05.10.2011

El segundo elemento explicativo del éxito finlandés es el alto nivel de excelencia de sus profesores en general, lo que tiene su origen no solo en la exigente formación que reciben, sino en el proceso de selección de los aspirantes a la propia carrera de profesor. Solo uno de cada diez solicitantes logra acceder a ella, es decir, solo los estudiantes mejor dotados y motivados logran convertirse en profesores. De ello se deduce el tercer elemento de éxito: la profesión de maestro otorga un alto estatus en Finlandia, y para nadie es fácil impugnar la autoridad de los profesores. Esto tiene efectos decisivos respecto del ejercicio mismo de la labor docente, pero es que además explica el cuarto hecho distintivo del éxito finlandés: los políticos se cuidan de meterse en el campo educacional y convertirlo en arena de sus disputas, antojos y proyectos ideológicos. Nada parecido a la Logse se ha visto en Finlandia, sino todo lo contrario. Existe un sólido acuerdo para dejar a los maestros que hagan lo suyo y no alterar la estabilidad de la escuela. De hecho, la escuela finlandesa debe de ser una de las que menos reformas ha padecido en las últimas décadas.

10

Por Roger O. 12:32 - 05.10.2011

De aquí se deriva el quinto elemento explicativo del éxito finlandés: la gran autonomía de los centros educativos y de los maestros a la hora de articular su labor. Los maestros gozan de una libertad que se han ganado sobremanera: ahí está el respeto generalizado por lo que hacen. Esto nos lleva al sexto hecho decisivo: no se aceptan el fracaso ni la mediocridad en el ejercicio de la función docente. Esto es lógico cuando se cuenta con un cuerpo docente tan seleccionado, prestigiado y respetado, que lógicamente cuida su buen nombre como el mayor de sus capitales. Los centros saben lo que pueden exigir de un profesor, y si este no gestiona su trabajo de forma satisfactoria, lo cambian por otro. Se trata de premiar la excelencia y la eficacia, para lo cual, evidentemente, todos han de competir con todos en igualdad de condiciones. Este sistema implica que los profesores no tienen el privilegio de poseer contratos vitalicios, es decir, no son funcionarios de carrera, como sí son los españoles.

09

Por Ciudadano K 12:25 - 05.10.2011

Hay que matizar mucho, Antonio. No hay derecho a que en cualquier incidencia que sucede en las escuela, el profesor o maestro quede reducido a la condición de un simple particular que tiene que haberselas con otro, pero con la servidumbre de haber aquirido una responsabilidad -por razón de su profesión- y convertirse en el carro de las tortas. Cada reclamación judicial contra los profesores, contiene esa maldad, pues sabiendo la debilidad de esta parte, una vez obtenida sentencia (omito aqui el argumento juridico para no dar más pistas), los demandantes obtienen una sustancial compensación económica de la Adminstración. Pero previamente han crucificado al profesor. Es cierto que la autoridad moral se la gana el docente cada día, con su trabajo, pero los tiempos han cambiado, y hay muchos desaprensivos. Eso debe resolverse.